Se nos ocurrió empezar comentando una nota de color (que para las empresas luce como color negro) y resalta dentro de su cuadro de resultados -en la zona bajael renglón referido a erogaciones por los «créditos y débitos bancarios», impuesto que le deglute más de 1,5 millón de pesos en el trimestre: y que equivale a un 10% de su beneficio «operativo». Un disparate.
Lo más auspicioso para Rigolleau, es haber desandadolos primeros tres meses con un incremento de facturación del 28%, que la hizo subir desde $ 68 millones iniciales del 2009, a los $ 88 millones actuales.
Pudo sostener el porcentual de beneficio bruto, en torno de un 24%, y así la diferencia lució plena en el fundamental primer peldaño del cuadro. Ganancia directa de $ 20,6 millones, contra menos de $ 16 millones de un ejercicio antes. Mayores «gastos», en línea con superior giro del negocio, dejaron un residual genuino cercano a los $ 15 millones de utilidad, sobre cerca de $ 12 millones del 2009. Y a no ser por la erogación impositiva comentada, más otros egresos diversos que elevaron el monto negativo de lo «financiero» a más de $ 1,9 millón (unas tres veces más que el año anterior), la diferencia neta final hubiera lucido más contundente. De todas formas, logró establecer su mejor performance «operativa» del quinquenio: y la segunda mejor cifra final en tal período. Si a esto se le incorpora un juego impecable, y muy cómodo, de sus variables de base: se arriba a una imagen que satisface a todo tipo de inversor. Bueno.


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