Robben Ford, cautivante pero con sabor a poco

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Robben Ford (guitarra y voz) con Brian Allen (bajo), Wes Little (batería). (Teatro Coliseo, 19/7).

Robben Ford es un raro caso de guitarrista blanco de blues que, además de poseer una prodigiosa técnica y un gran virtuosismo como instrumentista, además tiene un estilo ecléctico que le permite pasar al jazz (no por nada acompañó en dos épocas a Miles Davis) e incluso al funk y al rock pantanoso típicamente sureño.

Justamente, saliendo de gira luego de grabar un excelente disco en este esitlo, sobre todo, "A day in Nashville", se podía esperar que Ford ba a presentar entre nosotros este último gran trabajo grabado en un solo dia en la ciudad a la que se refiere el título. En cambio, Ford hizo un show muy ajustado donde tocó un poco en cada estilo de sus discos anteriores, cantó un solo tema de su último álbum, y le dio quizá demasia rienda suelta a sus músicos acompañantes.

Si bien lo breve, ya se sabe es doblemente bueno, si un show de blues y jazz, con las características de estos estilos musicales que permiten largas improvisaciones, dura una ajustada hora y media, e incluye dos solos de batería y uno de bajo, entonces lo breve, es sólo eso, demasiado breve. Así lo percibió el público que salió del Teatro Coliseo un poco desconcertado tras presenciar el único bis luego de la acotada performance. Lo que no implica que alguien haya quedado disconforme con la música, ya que Ford es un prodigio, y además de hacer explotar sus solos de guitarra en todas las direcciones sonoras posibles en los múltiples estilos que domina, también demostró su talento como cantante (hay que destacar el excelente sonido que tuvo el show, permitiendo que se entendieran perfectamente las letras).

Los temas más jazzísticos fueron los menos celebrados, quizá porque es donde se le salta el virtuoso un tanto excesivo a este gran músico, pero los clímax de la noche tuvieron que ver con el rock y el blues, con extraordinarias performances de "Nothing for nobody" -que en el medio tuvo un solo de bajo y uno de batería, técnicamente inobjetables, pero no por eso más entretenidos, y sobre todo, un rabioso homenaje a Freddy King, "Canonball Suffle".

Igual, lo mejor de la noche fue el único tema que tocó de "A Day in Nashville", el melancólico blues "Midnight Comes too Soon", que impactó especialmente a la audienia, que también aplauidió de pie las sentidas palabras de homenaje que tuvo Ford con el recientemente fallecido Johnny Winter.

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