- ámbito
- Edición Impresa
Roger Waters abrirá, a todo récord, un año de alto impacto
Roger Waters ya ha venido a nuestro país, pero los nueve River que hará en marzo están llamados a quedar en el recuerdo.
Tomando la música y su grado de actividad como parámetro, nadie diría que estamos frente a una Argentina tambaleante. Hace exactamente un año, cuando redactábamos nuestro informe para el Anuario anterior, comenzábamos enumerando una muy extensa lista de artistas que habían pasado por nuestro país. También prenunciábamos algunos artistas para el año que ahora finaliza y pronosticábamos -porque ya era evidente- un 2011 también muy movido. Lo que no alcanzamos a imaginar entonces era el nivel de ese movimiento, ni la locura que efectivamente terminaría siendo.
Muchos aspectos han concurrido para que la temporada que finaliza alcanzara niveles que jamás se habían visto en nuestro país; sobre todo en Buenos Aires que, pese al crecimiento de la actividad en otros lugares, sigue siendo, a mucha distancia, el de mayor atracción para la producción artística. No hay modo de saber exactamente -deberíamos decir que ni siquiera con aproximación- cuántas son las entradas vendidas o cuánto es el dinero que se ha movido en música popular durante el año. En las grandes producciones se suelen entregar a la prensa cifras redondeadas de cantidad de público, sin discriminar cuántas fueron compradas y cuántas entregadas de favor; y es obvio que esos datos tienen más una intencionalidad publicitaria que informativa.
En ese sentido, la música popular en vivo sigue teniendo un déficit de transparencia -hay que decir que la situación no es distinta en la industria discográfica, a la que siempre hay que «robarle» los datos «off de record»-, algo que el ambiente teatral -muchísimo más reducido, también es cierto- ha resuelto a través de su cámara aglutinante. Pero aunque falten datos concretos, el crecimiento es muy claro. Y es obvio también que la mejora de la economía doméstica en algunos sectores de la sociedad ha tenido una incidencia central.
Consumo
Con una histórica tradición de consumo cultural, el ciudadano argentino -siempre con Buenos Aires a la cabeza- invierte, en nuestro caso en música, apenas le queda un peso disponible en su bolsillo. Podrá decirse con certeza que, con el avance de las nuevas tecnologías y, en consecuencia, con la mayor oferta de opciones de entretenimiento, ese porcentaje de la torta destinado a «lo cultural» debe repartirse entre más lugares.
En todo caso, si de música popular hablamos, el único aspecto que se ha visto resentido ha sido el de la venta de discos y videos, que son de los ítems más bajos de los últimos tiempos, aun en medio del crecimiento de otros rubros. Pero el negocio ha cambiado radicalmente. Lo hemos dicho con anterioridad, pero vale la pena recordar que si hace unos 15 o 20 años -y aún menos- los conciertos y recitales se hacían para vender discos, que eran los verdaderos protagonistas económicos, hoy sucede exactamente al revés.
Como grabar y editar CD o DVD se ha hecho relativamente fácil, aunque se complique luego la comunicación y la venta, salen a la calle cantidades enormes de esos materiales que tienen destino incierto, casi nunca de buen rédito económico. Frente a ese cambio, en un fenómeno que es mundial, los artistas salen mucho más a la ruta y buscan salvar en el escenario lo que no puede hacerse con la música grabada. Entonces, nuestro país, amable con este tipo de consumos, se transforma en una plaza muy atractiva.
Todo lo que venimos diciendo, sin embargo, no sería posible si no estuviéramos frente a una cotización del dólar que es baja en términos relativos. Quienes llevamos algunos años en esto sabemos que no es la primera vez que un dólar barato entusiasma a los productores locales y atrae a los artistas de todas partes que pueden cobrar aquí cachets que no lograrían en otros sitios. Ya pasó en épocas de la convertibilidad menemista y antes, durante la dictadura, con José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía. Lo que no se había dado, como ahora, era esta situación asociada a un crecimiento sostenido.
De todos modos, y también es bueno decirlo, la oferta superó muchas veces a la demanda. No alcanzan las salas, los teatros, los clubes de música y ni siquiera los estadios, pero no todo se llenó por igual. Ante la necesidad de nuevos espacios, una de las grandes productoras sumó al Estadio Unico de La Plata a la oferta, con el objetivo de convocar fundamentalmente al público de la Capital. Pero, como decimos, no faltaron las salas a medio llenar, las suspensiones de visitas programadas «por problemas técnicos» -eufemismo que nadie cree- o los disimulos de baja venta con montones de tickets regalados -a través de programas de radio, de tarjetas de crédito, de shopping o directamente, a mansalva.
Un buen balance no puede terminar sin recordar, aunque sea a modo de ayudamemoria, lo que pasó a lo largo del año. Hagamos entonces una lista, fragmentada, caótica y arbitraria, de algunas de las figuras que este año vinieron a la Argentina para dar sentido a lo que se ha dicho hasta aquí. Adriana Calcanhotto, Alejandro Sanz, Arturo Sandoval, Bobby McFerrin, Nilda Fernández, Chucho Valdés, Diego El Cigala, Erasure, Eva Ayllón, John Fogerty, John Scofield, Jorge Drexler, Katherine Jenkins, Keith Jarrett, Luis Eduardo Aute, Martirio, Calle 13, Pink Martini, Wayne Shorter, Paquito DRivera, Rita Lee, Roxette, Jean Luc Ponty, Ringo Starr, No te va a gustar, Luis Fonsi o Santiago Feliú, son sólo apenas una muestra de los visitantes de diversos orígenes y estilos que actuaron en teatros y salas más o menos importantes de Buenos Aires.
Pero a ellos deberíamos sumar, naturalmente, a los que llegaron para tocar y cantar en grandes estadios al aire libre como Guns NRoses, Iron Maiden, Lenny Kravitz, U2, Miles Cyrus, Shakira, Ozzy Osbourne, Red Hot Chili Peppers, Ricky Martin, Aerosmith, Britney Spears, Eric Clapton, Justin Bieber, Peter Gabriel, Maná y Rod Stewart, entre otros.
En el medio, no son tantos los argentinos que logran sacar la cabeza para ponerse en niveles parecidos de convocatoria y respuesta del público, pero los hay, y vale mencionar por ejemplo a Valeria Lynch, Diego Torres, Fito Páez, Charly García, Axel, Vicentico, Ciro, Skay Beilinson, el Indio Solari, Soledad, el Chaqueño Palavecino, Cacho Castaña, Catupecu Machu, Palito Ortega y pocos más. Y hay que considerar además a bailanteros, reggaetoneros y, como golondrina de verano, «wachiturreros», en el contexto de un fenómeno masivo popular -también con sus visitas internacionales- que tiene mucha más importancia que la que suelen reflejar los medios escritos, siempre más apuntados a los sectores medios. Es curioso que, llegados a este punto, casi no hayamos hecho mención a lo más puramente artístico.
Es que observando las listas que forman parte de esta nota, vemos con tristeza que es muy poco lo que sucedió que merezca un comentario especial. Hubo, otra vez, poca sorpresa. Hay escasísimas novedades. Los grandes nombres vienen siendo los mismos desde hace largo tiempo; y hay señores y señoras con muchas décadas sobre sus espaldas que aún permanecen como referentes para las generaciones más jóvenes -a falta de otros que los reemplacen-. Pero aún cuando haya nombres nuevos, y hasta adolescentes que se meten en el cariño y la admiración del público, desde el punto de vista del discurso artístico, la enorme mayoría de ellos no hace sino repetir lo que ya se conocía, remozando, refrescando, resignificando, «remixando», pero siempre con aportes propios que no terminan de hacer historia.
El año que se avecina tendrá, por cierto, muchas cosas en común con el presente. Y salvo una debacle económica que nadie espera por aquí, otra vez nos ubicaremos frente a una temporada que tendrá su eje en las visitas internacionales y, sobre todo, en las grandes producciones. Sin dudas, la curiosidad del año -veremos oportunamente si tiene su equivalencia artística- será la visita del ex Pink Floyd Roger Waters. Sin ser ésta su primera excursión a la Argentina, y sin haber tenido antes, ni remotamente, una respuesta similar, batirá todos los récords con sus nueve fechas en la cancha de River a partir del 7 de marzo, en el que deberá ser recordado como uno de los mejores trabajos de marketing cultural de la historia argentina. Pero ya son varios los nombres en danza para grandes estadios y las entradas que se van vendiendo con mucha anticipación.
El salsero neoyorquino/latino Marc Anthony -para muchos, más conocido por ser el exesposo de Jennifer López- tendrá una parada difícil con su show en la cancha de Ferro el 1 de marzo. Los dos españoles más queridos, Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, también regresarán en formato dúo para hacer una larga seguidilla de shows (por ahora son 18) en el Luna Park desde el 17 de marzo. Foo Fighters será la atracción central para el festival «Quilmes Rock 2011». los días 3 y 4 de abril en el estadio de River y con MGMT, Band of Horses, Arctic Monkeys y TV on the Radio como otras figuras internacionales. El siempre muy convocante guatemalteco Ricardo Arjona volverá para cantar en la cancha de Vélez el 12 de abril. Pero éstos no son sino botones de muestra para una oferta que, sin ninguna duda, se irá haciendo más abundante a medida que transcurran los primeros meses del año entrante. A preparar tiempo y dinero porque harán falta ambas cosas.



Dejá tu comentario