"Estamos listos para mostrar mayor transparencia" sobre el programa nuclear, que, sin embargo, "ya es transparente", sostuvo Rohani, con hablar suave, en su primera conferencia de prensa como mandatario electo, casi cubierto por medio centenar de micrófonos y ante varios cientos de periodistas, fotógrafos y camarógrafos, además de un buen número de invitados y seguidores.
"La era de las suspensiones (del enriquecimiento) pasó, afirmó a su vez, al aludir a un acuerdo que él mismo -como jefe negociador- había logrado en 2003.
Rohani sostuvo que "existen varios caminos para crear confianza" y llegar a una "solución definitiva" al problema nuclear.
La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) señaló ayer que el programa iraní, sospechado de tener fines militares, "progresa de modo constante" y que no hay señales de que las sanciones internacionales tengan algún impacto para frenarlo.
"El pueblo de Irán no ha hecho nada para sufrir las sanciones y ha cumplido la ley y los acuerdos internacionales" en lo referente a su programa nuclear, sostuvo Rohani en el salón de actos del Centro de Estudios Estratégicos del Consejo del Discernimiento, una de las más altas instancias institucionales del régimen.
A través de un levantamiento de las sanciones, el electo espera poder mejorar la situación económica interna, afectada por una elevada inflación.
Irán, manifestó Rohani, está dispuesto a iniciar un diálogo bilateral con Estados Unidos con la condición de que Washington no incurra en "interferencias" en los asuntos internos del país y reconozca los derechos de la República Islámica, entre ellos el desarrollo de energía nuclear.
El religioso moderado electo admitió que las relaciones entre Teherán y Washington son "una vieja herida" e invitó a "mirar adelante".
La República Islámica, dijo el vencedor de los comicios del viernes último, tendrá "interacciones constructivas" con el resto del mundo "a través de la moderación", y agregó que "el nuevo Gobierno será tolerante con los otros países", lo que beneficiará "a ambas partes".
Sin embargo, excluyó a Israel de la lista de países con los que mejorará la relación. "Con cualquier país al que reconocemos queremos solucionar los problemas", dijo el clérigo chiita moderado, con lo que excluyó al Estado judío, al que Irán no reconoce y cuya desaparición propugna.
Puso, de todos modos, como prioridad de su política exterior a los quince países vecinos de Irán, en especial a los Estados árabes del golfo Pérsico, con los que Teherán mantiene permanentes tensiones.
En relación con otras zonas del mundo, destacó a "los países latinoamericanos, que también están entre los que queremos desarrollar nuestras relaciones".
La cercanía con Venezuela, Bolivia y otros países del "eje bolivariano", estrechada durante los mandatos del saliente Mahmud Ahmadineyad, es vista con recelo por Israel, Estados Unidos y otros países, que la consideran un intento de penetración en la región.
Con respecto a la guerra civil en Siria, Rohani dijo que la solución compete "al pueblo de Siria" y expresó su rechazo a cualquier intervención extranjera. Teherán es el principal aliado del dictador Bashar al Asad.
"Estamos en contra del terrorismo y de la injerencia de otros países", agregó Rohani en referencia a la oposición armada siria y los Estados que los respaldan, pues -dijo- "el Gobierno actual debe ser aceptado por todo el mundo hasta las próximas elecciones (en 2014) y, en esos comicios, se hará lo que decidan los sirios".
La rueda de prensa, que había empezado con aplausos, saludos, el himno nacional y una recitación del Corán, acabó abruptamente, cuando al presidente electo le dijeron a gritos: "Rohani, acordate que Musavi tiene que estar", ante lo que, sin perder la sonrisa y con un gesto de despedida, abandonó la sala.
La radio nacional también cortó su emisión de la rueda de prensa al oírse el nombre de Mir Husein Musavi, líder del movimiento reformista surgido en las elecciones de 2009, que lleva dos años y medio encarcelado, como Mehdi Karrubi, el otro dirigente de las protestas que fueron entonces sangrientamente reprimidas.
En tanto, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo ayer que él y su homólogo ruso, Vladimir Putin, comparten un "cauteloso optimismo" en que el nuevo Gobierno iraní promueva progresos en las negociaciones multilaterales sobre el conflicto atómico. Además, el canciller británico, William Hague, dijo que hay posibilidades de un nuevo inicio en las relaciones de Occidente con ese país.
Todas estas definiciones provocan desconfianza en Israel, que pide mantener la presión diplomática y las sanciones y, si éstas no logran frenar el avance nuclear iraní, recudir a un ataque militar contra las instalaciones sospechosas.
"La elección iraní refleja claramente el profundo distanciamiento del pueblo iraní con su régimen, pero desafortunadamente (el presidente) no tiene el poder para cambiar las ambiciones nucleares de Irán", dijo ayer el primer ministro Benjamín Netanyahu.
| Agencias ANSA, AFP, Reuters, DPA y EFE, y Ámbito Financiero |

