5 de abril 2010 - 00:00

Rusia sale al rescate financiero de una Venezuela en problemas

Vladimir Putin, el hombre fuerte del poder en Rusia, visitó a Hugo Chávez en Venezuela. Ambos gobiernos pretendieron convertir el encuentro en un desafío a la administración de Barack Obama.
Vladimir Putin, el hombre fuerte del poder en Rusia, visitó a Hugo Chávez en Venezuela. Ambos gobiernos pretendieron convertir el encuentro en un desafío a la administración de Barack Obama.
Apenas 12 horas en Caracas -lo que duró la visita del viernes de Vladimir Putin- bastaron para dejar la marca en el orillo. En ese viaje relámpago, el premier ruso firmó 31 acuerdos con los venezolanos y se entrevistó, además y brevemente, con el boliviano Evo Morales, convocado a último momento por su «relaciones públicas» internacional, Hugo Chávez. Se concreten o no las magnánimas promesas de cooperación entre Moscú y Caracas, la primera visita de Putin a Venezuela tuvo una única dedicatoria: Washington.

La importancia de ella puede medirse desde varias perspectivas. A pocos días de los atentados en Moscú y del Cáucaso, Putin, el hombre más poderoso y de puño más fuerte de Rusia -prometió «aniquilar a los terroristas»-, dejó ese escenario traumático para regalarle algunas horas de atención exclusiva al líder bolivariano.

La visita del ruso no vino aislada: tiene prólogo y epílogo. El prologuista fue Igor Sechin, viceprimer ministro que desembarcó en Caracas apenas un día antes de la llegada de Putin. Sechin es un peso pesado en la órbita del Kremlin: ex KGB -lo mismo que Putin-; lo llaman el «Señor Energía» por ser el responsable de todos los acuerdos en esa área y de presidir la estatal Rosneft. Como remate, es quien mejor conoce los vericuetos de Latinoamérica por encargarse, desde hace años, de la relación con la región. Según algunos, Sechin habría sido, en otros tiempos, un importante factótum para la venta de armas moscovitas en el subcontinente.

El epílogo a la visita de Putin es asimismo contundente. Nada menos que el presidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvédev, culminó en Caracas su gira latinoamericana de abril (estará en la Argentina el 14 y el 15, con la primera visita de Estado a nuestro país de un mandatario ruso en 125 años; y luego el 16 en Brasilia para la segunda cumbre de los BRIC -Brasil, Rusia, India y China-). Coincidiría con la reunión de países del ALBA convocada por Chávez para esa fecha y sería la segunda vez de Medvédev en tierras venezolanas: la primera, en noviembre de 2008, estuvo enmarcada por la presencia de la flota rusa en el puerto de La Guaira, en claro desafío a EE.UU.

En cuanto a los acuerdos suscriptos esta vez entre Chávez y Putin, continúan en la misma línea de los acordados en los ocho viajes que el venezolano ya realizó a Moscú. Más armas, que se agregan a los cazas Sukhoi y la fábrica de fusiles Kalashnikov y a los 38 helicópteros M 17 encargados en 2006. La promesa de «armaggedon» ahora está en la compra de dos aviones anfibios BE 200 (para combatir incendios, como el todavía no extinto en el monte Avila caraqueño), algunos tanques T-72, y la reiteración de adquirir lanzamisiles Smerch y baterías antiaéreas S-300, como las que Rusia le acaba de vender a China y le habría facilitado a Irán.

De acuerdo con fuentes militares en Caracas, el crédito armamentístico de Chávez habría llegado a su tope. Van más de u$s 4.000 millones puestos en la «revamp» rusa del arsenal bolivariano y quizás ya sea suficiente. Por eso, Moscú tendría la mirada puesta en otros negocios estratégicos. El principal, el energético. Y no precisamente en el auxilio a la crisis eléctrica -terminal- por la que pasa Venezuela. En ese sentido, los rusos, lo mismo que los cubanos, tienen escaso «know-how» y sólo pueden actuar como intermediarios de repuestos y paliativos fabricados en terceros países.

Tampoco hay que detenerse demasiado en otra reiteración de un acuerdo suscripto hace un par de años: el joint venture petrolero entre PDVSA y el Consorcio Nacional Petrolero (reúne a las rusas Rosneft, Lukoil, TNK-BP, Gazprom y Surgutneftgaz) para desarrollar el Bloque Junín 6 en la Faja del Orinoco, un acuerdo que implicaría 150.000 barriles diarios, y una inversión de u$s 20.000 millones a lo largo de 20 años.

Hay que mirar, quizás, la cuestión financiera, que es, justamente, donde hoy hace agua el régimen bolivariano. Los rusos desembolsaron el viernes 2 de abril los primeros u$s 600 millones en concepto de un bono de u$s 1.000. Estarían negociando asimismo una extensión de u$s 2.200 millones más en crédito armamentístico. Todo esto bajo la égida de una entidad financiera conjunta, en la que los rusos entrarían con el 51% sobre la base del banco Evrofinance Mosrabank y los venezolanos con el 49% desde el Fonden, el Fondo de Desarrollo Nacional, que capta los excedentes de PDVSA y el Banco Central Venezolano. Salvavidas ruso para Chávez, en momentos en que EE.UU. está concentrado en la cuestión iraní y en la próxima cumbre nuclear del 12 de abril en Washington.

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