9 de abril 2009 - 00:00

¿Sabrán en EE.UU. la dimensión de la crisis?

Los argentinos hemos desarrollado una habilidad especial para percibir, reaccionar y adaptarnos a entornos altamente cambiantes. Esto no debería sorprender si se tiene en cuenta que nuestro país ha sido un formidable campo de entrenamiento en «saltos económicos disruptivos», lo que nos convierte en observadores calificados frente a las vicisitudes de la crisis financiera mundial.
El recientemente acuñado término «deleveraging» (desapalancamiento o desendeudamiento), tiene implicancias más profundas que las asociadas a un simple tecnicismo. Desendeudarse, cuando ese endeudamiento fundamentalmente fue a parar a consumo y mejor calidad de vida, implica cambios de hábitos que no se realizan de un día para otro. Es más, que nos resistimos a modificar. El consumismo de la sociedad estadounidense, y mucho más el que está sustentado por ingresos futuros (crédito), debería revisarse drásticamente: ¿será posible cambiar hábitos culturalmente arraigados?
Las inyecciones de dinero en la economía no solucionan el problema. Los argentinos hemos aprendido perfectamente esta lección (lo que no significa que la apliquemos). En nuestro país, las sucesivas emisiones de moneda, devaluaciones y otros instrumentos de política monetaria sólo sirvieron para ganar tiempo. Cuando estos espacios no fueron aprovechados para encarar reformas estructurales en la economía real, siempre nos volvieron al punto de partida, más débiles y luego de pagar los costos ocasionados, por ejemplo, alta inflación. El formidable plan de estímulo del presidente Obama no tiene precedentes en los EE.UU. Luego de salvar bancos, automotrices, deudores hipotecarios y quizás otros grupos y sectores que todavía no se presentaron, ¿serán también sin precedentes los costos derivados de ese fenomenal paquete? En otras palabras: ¿qué inflación podrían enfrentar los EE.UU. en los próximos 5 a 10 años?
Cuando el crédito se restringe, tanto por cantidad como por calidad, inexorablemente se produce una presión ascendente sobre la tasa de interés. Sumado a que si existen presiones inflacionarias, la tasa de interés nominal puede ser inusualmente alta, ¿se podría retornar a escenarios parecidos a los de finales de los 70 o la primera mitad de los 80, con tasas de interés de dos dígitos?
Quizás nuestra visión argentina de la crisis global sea un tanto extrema. Pero luego de haber visto en EE.UU. bancos locales que cierran todos los días, empresas que anuncian recortes de empleos por miles, consumidores que frente a una caja de supermercado dudan si su tarjeta de crédito será aceptada y locales vacíos en shopping por los que circula mucha menos gente que lo usual, es imposible no tener la «argentina sensación» de que ya pasamos por allí. No cabe duda de que en ambientes especializados el problema aparece diagnosticado de manera pormenorizada y quizás con mucha más capacidad de análisis que la que nosotros podríamos aportar. Pero tengo la seguridad de que no reconocen las sensaciones completas de lo que les está sucediendo. También tengo la certeza de que más tarde o más temprano, la crisis será superada gracias a la formidable infraestructura productiva que tienen los EE.UU. y que la historia ha demostrado de cuánto es capaz cuando la ponen a trabajar en pos de un objetivo.

(*) Director de posgrados de negocios de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.

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