19 de marzo 2012 - 00:00

Salvioli y la decadencia del mundo contemporáneo

Para su primera muestra individuel, Marcelo Salvioli eligió 12 obras de gran tamaño realizadas en carbonilla, donde muestra el colapso de ciertos símbolos de la creación del hombre y también de su poderío.
Para su primera muestra individuel, Marcelo Salvioli eligió 12 obras de gran tamaño realizadas en carbonilla, donde muestra el colapso de ciertos símbolos de la creación del hombre y también de su poderío.
Marcelo Salvioli es un destacado escenógrafo argentino, premiado por las puestas y vestuarios de «Don Quijote» de Massenet y «Capriccio» de Strauss (2005 y 2006, ambas en el Teatro Colón), «Los últimos días de Emmanuel Kant» y por «El Avaro» (Teatro San Martín). Fue diseñador de producción de la película «Nueve Reinas», y también diseñó el vestuario de «Hamlet», la última obra dirigida por Juan Carlos Gené (Teatro Alvear),

En su carácter de artista visual expuso en Ginebra, El Cairo, Roma; recibió Menciones en la disciplina dibujo en el Salón Nacional (2007), y en el Salón Manuel Belgrano (2007/08).

Salvioli presenta actualmente su primera muestra individual bajo la curaduría de Pelusa Borthwick en el Centro Cultural Borges, y está constituida por 12 obras de gran tamaño realizadas en carbonilla durante el período 2007-2012.

Impresionan estas obras de interiores de templos, torres, edificios barrocos, columnas, capiteles, arquitecturas que deslumbran, indemnes al paso del tiempo, eternas y presentes en el imaginario a través de los siglos, símbolos de la creación del hombre y también de su poderío. Sólo que Salvioli nos muestra su colapso, una metáfora de la decadencia del mundo contemporáneo, ya que como señala Cornelius Castoriadis en «El Ascenso de la Insignificancia», «el pasado no es fuente y raíz para nadie».

En el texto de presentación, Guillermo Roux cita una anécdota de Vittorio Gassman que le dice al poeta y pintor Rodolfo Relman: «El humanismo se nos está muriendo». Es que ahora son otros los símbolos que se erigen invadiendo nuestra percepción, McDonalds en las rutas, las nuevas arquitecturas colosales y desafiantes que creemos imposibles de habitar, desde el vamos son formas a punto de colapsar y que seguramente en la arqueología del futuro serán también ruinas.

En ese territorio del arte que no tiene fin, Salvioli cuestiona el drama de «nuestra fase de descomposición, otra vez Castoriadis, en la desaparición de las significaciones, en la evanescencia casi completa de los valores». Lo hace a través de un gesto ascendente, de un trazo nacido del impulso vital, de un temperamento apasionado, de negros sombríos, de rojos en cascada u ocres que se diluyen, «una línea lanzada en enviones que se convierten en gestos y planos informales», según el texto de Rosa María Ravera.

Seguramente de este Apocalipsis surgirán algunas ideas y hechos que quizás puedan devolvernos la fe.

Cierra el lunes 2 de abril.

c «El Matadero» de Esteban Echeverría; «Mademoiselle FiFi» de Maupassant, «Romances del Río Seco», de Lugones con ilustraciones de Carlos Alonso; «El Fausto Criollo» de Estanislao del Campo; «Luminosa Espiritualidad» de Mujica Láinez, ilustrados por Benicio Núñez, son algunas de las muestras en las que la Fundación Alon (Viamonte 1465 piso 10) conjuga la palabra y el dibujo.

Dirigida por Jacobo Fiterman, abre su temporada 2012 con «La Vida Espuma», imágenes de Mirta Kupferminc y poemas de Manuela Fingueret, exposición gestada en un encuentro de ambas a comienzos de 2010 en momentos de crisis personales, disparadora de una propuesta que las «revitalizó con la pasión de la creatividad». La muestra exige gran atención por la intensidad tanto de los poemas como la de las obras que apelan a la sensibilidad del visitante.

Hemos elogiado muchas veces los desafíos plásticos de Mirta Kupferminc, artista integral: grabadora, pintora, autora de instalaciones objetos, videos, hacedora de libros para bibliófilos, que enriquecen importantes colecciones privadas y públicas nacionales y extranjeras, labor docente que se amplía en cursos y conferencias en importantes universidades de Estados Unidos. Su obra es testimonial, entrecruza culturas, recrea simbologías, enlaza su quehacer con la literatura, tiene hondo contenido espiritual en la tradición judía, nos introduce en la Kabala, ama a Borges a quien incluye en sus narraciones pictóricas, tiene una silla emblemática , protagonista de muchas de sus obras. La imagen de la palma de la mano con sus líneas y el bordado primoroso convierte un tatuaje fatídico de Auschwitz -el de su madre- en un testimonio de celebración de la vida.

Manuela Fingueret, por su parte, ha publicado más de 20 libros entre poesías, novelas, ensayos, antologías, además de desarrollar una intensa labor en la difusión de la literatura.. Entre sus últimos libros, puede citarse, por ejemplo, «César Tiempo-personaje inolvidable» (2012, Capital Editorial). Sólo nos atrevemos a transcribir uno de los poemas que emocionan al visitante durante el recorrido de la muestra: «Acepto el reto/y miro desde el tren/imagen que avanza/cuando arribo a Auschwitz/y aguardo señal/derecha o izquierda/para tatuar/destino».

Clausura el 27 de abril.

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