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Santiago sensible entre copas y arte
Las calles del barrio Bellavista y el interior del Patio Bellavista suelen comenzar a poblarse todos los días al atardecer. Nunca falta la música en vivo y en esta época del año los pubs y restoranes sacan sus mesas al exterior.
En ningún otro barrio de Santiago se da la posibilidad de entrar sólo a un bar y al rato estar charlando con gente de otras mesas hasta entonces desconocida. Eso que es bastante común en muchos países de la región, en Chile es toda una excepción cultural y vale la pena disfrutarla. Se produce además un efecto contagio y el fenómeno crece, ya que actualmente son unas 10 mil las personas que recorren diariamente las calles, las tiendas de diseño, los teatros y espacios de arte, los puestos de artesanía, los bares y los restoranes de Bellavista. Algunos sólo van a mirar, pegar una vuelta o tomar una cerveza o un pisco sour, mientras que muchos aprovechan la oferta cultural para disfrutar de música en vivo, obras de teatro o shows de stand up.
Todos los días de la semana, a partir de las siete de la tarde, comienzan a poblarse estas calles -colindantes con el centro santiaguino y el barrio de Providencia-, en especial el sitio que se ha transformado en el motor de la actividad cultural: el Patio Bellavista, un espacio privado que simula un barrio en sí mismo y reúne una gran cantidad de los bares y lugares artísticos. El Patio Bellavista abrió sus puertas al público en enero de 2006, luego de la restauración de un antiguo cité y galpones industriales de distintas formas y tamaños que datan del 1900. Dos años atrás inauguró la segunda etapa de ampliación, con 225 estacionamientos subterráneos y sumando una superficie total de 17 mil metros cuadrados.
Dentro del Patio sobresale el restorán El Antojo de Gauguin, especializado en comida árabe y mediterránea, ya que fue uno de los primeros en instalarse en el barrio y luego resultó absorbido por el emprendimiento privado donde también se ubican decenas de bares y restoranes con comida chilena -rica en frutos de mar frescos-, árabe mediterránea, peruana, francesa, italiana, japonesa e irlandesa, entre otras.
El barrio Bellavista fue durante la conquista española el sector «chimba», como se denominaba en quechua a «la otra orilla» del Mapocho, el río que surca la ciudad de Santiago de este a oeste. Luego allí se instaló la aristocracia criolla y más tarde comenzaron a aparecer los caminos que hoy son las calles más circuladas: Independencia, la Paz, Pío Nono y Patronato.
Fue recién a partir de la década de 1980 que Bellavista adquirió su actual fisonomía bohemia, como polo gastronómico y punto de encuentro para locales y extranjeros. Desde esos años Bellavista concentra la mayor cantidad de salas de teatro de Chile, con 22 espacios y galpones adaptados. Se mezclan las salas más antiguas, como los galpones de Churre Manzur y Montecarmelo, con las más nuevas, como el Centro Mori y el Teatro de la Memoria. Una perla es El Teatro del Puente, escenario y centro cultural ubicado literalmente en un puente sobre el Mapocho, en la perisferia de Bellavista. Unos nueve espacios formaron una alianza estratégica llamada «Circuito Teatral Bellavista», mientras que también se contempla la realización de presentaciones teatrales en el anfiteatro de Patio Bellavista.
A su vez, varios jóvenes talentos locales han conformado la Sociedad de Artistas de Bellavista con el objeto de mostrar al público las obras y talleres que desarrollan en el sector. Abierta al turismo, la sociedad agrupa al Taller 99 -dedicado a los grabados, que funciona como colectivo-, y cerca de 70 artistas, entre los cuales hay pintores, escultores, fotógrafos y aquellos que se dedican a técnicas mixtas e instalaciones.


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