3 de marzo 2011 - 00:00

Sanz llenó teatro en Capital. Ahora faltan las urnas

Ernesto Sanz formaliza ayer su precandidatura presidencial para el radicalismo con un acto en la Capital Federal.
Ernesto Sanz formaliza ayer su precandidatura presidencial para el radicalismo con un acto en la Capital Federal.
Ernesto Sanz lanzó ayer formalmente su precandidatura presidencial con un acto en el que llenó el Gran Rex y donde no se privó de criticar al Gobierno e identificar a Ricardo Alfonsín con la nostalgia más que con el futuro.

Fue, quizás, el tramo más duro de un acto organizado con prolijidad y puesta que son extrañas en el radicalismo. Sobre el escenario del Gran Rex, delante de una enorme instalación de letras rojas con su apellido y rodeado de dos plateas de jóvenes intendentes y concejales de todo el país que se instalaron para completar la puesta, Sanz comenzó ironizando sobre las críticas de quienes alegan que el electorado no lo conoce: «Me llamo Ernesto Sanz y quiero ser presidente de la Nación», arrancó en medio de aplausos y cantos que llegaban desde el pullman y que en varias ocasiones lo interrumpieron más allá de lo que él hubiera querido.

«Yo no voy a pedir el voto de la nostalgia. Voy a pedir el voto de la esperanza. Si sólo nos conformamos con nuestros recuerdos nos vamos a quedar a mitad de camino», dijo para diferenciarse de Alfonsín, que a esa hora encabezaba un acto frente a 2.000 personas en Trelew.

La alusión al pasado se transformó en el centro de ese tramo de su discurso, sobre todo muchos vieron en ese ejercicio un ensayo de lo que serían los debates con el resto de los partidos en el caso de que Ricardo Alfonsín se consagrara candidato presidencial del radicalismo.

«Raúl Alfonsín ya no está. Néstor Kirchner se ha ido. Recordarlos y respetarlos es una actitud inteligente, pero pedirles que nos señalen el camino del futuro es demasiado», dijo en ese momento. «Yo sólo me llamo Sanz, tengo un pasado como todos, pero no me alimento del pasado», remató.

«Si vamos a ganar estas elecciones lo haremos por millones que no son radicales. Tenemos que poner en pie un proyecto capaz de desbordar las fronteras radicales, incluidos ciudadanos de buena fe que votaron a los Kirchner», dijo en otro tramo para convocar al voto extrapartidario.

«Me presento a estas elecciones porque sé que estoy en mejores condiciones para sumar más, para construir una nueva mayoría, para liderar un proyecto de país más que de partido. Porque es cierto que sin el radicalismo no arrancamos. Pero sólo con el radicalismo no llegamos», continuó.

Desde la primera fila de la platea lo escuchaba una cosecha de dirigentes radicales superior a la que habían calculado hasta ese momento en el búnker de Alfonsín: Rodolfo Terragno, Federico Storani, Carlos Maestro, Jorge Álvarez, Federico Azcoiti, Facundo Suárez Lastra, Silvana Giúdici, Jesús Rodríguez, Horacio Jaunarena, Juan Pablo Baylac, Cristian Colombo, Rubén Lanceta, Ricardo Buryaile y Florentina Gómez Miranda, a quien le dedicó el final del mensaje.

«Basta ya de imaginar el futuro mientras otros gobiernan el presente. Para construir el futuro hay que estar dispuesto a gobernar el presente. No me presento para tener más votos que en las elecciones anteriores. Me presento para ganar primero y para gobernar después», dijo Sanz insistiendo en su mensaje para la interna. «Desde el primer día de esta campaña, muchos me han pedido que explique lo que me diferencia de Ricardo Alfonsín, y yo siempre respondo igual: prefiero que ustedes mismos establezcan la diferencia. Yo sólo me llamo Sanz», dijo en otro tramo.

«Lo que en su momento se presentó como una renovación de la política se ha convertido en una sucesión de engaños, manipulaciones y falsificación de datos para tapar los problemas. Obsesionados por vencer, han renunciado a convencer. Obsesionados por mandar, se han olvidado de gobernar. Este

Gobierno tira la Argentina para atrás»,
dijo casi al final del mensaje. «Ha llegado el momento de que el pueblo argentino, con toda serenidad pero con firmeza, le diga en las urnas: Gracias y adiós, señora Kirchner».