«El Bapro está en Córdoba desde 1996», justificó Daniel Scioli cuando le preguntaron sobre la aparición el viernes junto a Juan Schiaretti en Córdoba. «Eso -agregó- hace necesario agrandar la presencia para negocios como los seguros y otros que tiene el grupo». Ese viaje a Córdoba, en realidad, se lo pedía a Scioli Santiago Montoya, un funcionario que viene de esa provincia y que le explicó que una aparición en ese distrito lo ayuda a su jefe a que no se pierda la gravitación nacional de su figura para un eventual plan presidencial que pude surgir por necesidad del propio Gobierno de Cristina de Kirchner. Era, además, un fusible para algo que sigue siendo una fantasía dentro y fuera del Gobierno, que detrás del portazo de Carlos Reutemann, se esconda un proyecto también presidencial que necesitaría de socios en provincias de kirchnerismo tenue, como Córdoba. Ahora, Schiaretti ya está en esa foto.
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