Según afirmó el programa "Fantástico" del canal de televisión Globo, los servicios de inteligencia estadounidenses espiaron el contenido de conversaciones telefónicas y correos electrónicos intercambiados por Rousseff con decenas de asesores. También monitorearon al entonces candidato presidencial y hoy jefe de Estado mexicano, Enrique Peña Nieto, que exigió ayer una investigación de los hechos.
Las nuevas denuncias se apoyaron en documentos entregados por el exanalista Edward Snowden al periodista Glenn Greenwald, columnista del diario británico The Guardian, que reside en Río de Janeiro.
Las revelaciones llevaron al canciller brasileño, Luiz Alberto Figueiredo, a convocar de urgencia ayer a la mañana al embajador de Estados Unidos en Brasilia, Thomas Shannon, a quien le exigió "prontas explicaciones" (ver aparte) en vísperas de que la mandataria se encuentre esta semana con su par estadounidense en la cumbre del G-20 en San Petersburgo.
Cabe recordar que el propio Shannon como jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina había quedado implicado en el espionaje. Un documento en el que agradecía a la NSA por lograr ventaja en un acuerdo comercial con Brasil lo implicó en la trama.
El ministro de Relaciones Exteriores anunció, además, que su Gobierno elevará el tema a la consideración de varios países -incluso los industrializados y los emergentes que conforman el grupo BRICS, esto es Rusia, India, China y Sudáfrica- y a foros internacionales.
De acuerdo con asesores de la Presidencia, Rousseff está "indignada" y tiene la intención de cancelar su visita a Estados Unidos -la primera de Estado desde 1995- prevista para el 23 octubre en caso de que Washington no ofrezca explicaciones satisfactorias.
Por su parte, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardoso, aseguró que el espionaje es "mucho más inaceptable" porque la víctima fue la presidenta, pero también porque es realizado por un "país amigo". No obstante, dijo que el Gobierno brasileño esperará las nuevas explicaciones que exigió y después decidirá qué tipo de "respuesta" dará.
Las primeras denuncias de Snowden sobre espionaje en el país causaron una fuerte reacción en Brasilia que, con sus socios del Mercosur, denunció el caso ante la ONU. Esas revelaciones centraron también la visita que hizo a Brasil, el 13 de agosto, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, quien recibió una fuerte queja de wwBrasil por la "interceptación electrónica". La respuesta de éste fue fría, e incluyó la afirmación de que su país seguirá realizando tareas de espionaje según sus necesidades.
Greenwald, el periodista a cargo de la divulgación, afirmó que los datos sobre el espionaje a las comunicaciones de Rousseff forman parte de una presentación secreta elaborada en junio de 2012 y denominada "Filtración inteligente de datos: estudio de caso México y Brasil", que resultó de las prácticas realizadas por la NSA.
En el caso de la gobernante brasileña, la agencia norteamericana afirma que el objetivo de la operación es "mejorar el entendimiento de los métodos de comunicación" entre la presidenta y sus asesores.
Para espiar al entonces candidato presidencial mexicano Peña Nieto, el servicio de seguridad internacional de NSA para Latinoamérica utilizó los programas Mainway, que cosecha las informaciones que pasan por las redes de comunicación, y Association, que recupera las informaciones que circulan en las redes sociales.
Ayer, el Gobierno mexicano envió una nota diplomática a la Casa Blanca pidiendo "una investigación exhaustiva y que, en su caso, deslinde las responsabilidades correspondientes".
En tanto, el Senado brasileño prevé instalar hoy una comisión parlamentaria de investigación sobre el caso y la eventual participación de empresas. El presidente de la Comisión de Exteriores de esa cámara, Ricardo Ferraço, clasificó de "violencia inadmisible" el seguimiento a las comunicaciones presidenciales y criticó "la falta de límites" de Estados Unidos.
| Agencias DPA, AFP y EFE |


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