23 de junio 2010 - 09:31

Se arriesga el Gobierno hoy a perder superpoderes para gastar sin control

• La oposición deberá reunir el quórum.
• En la misma sesión se aprobará polémico proyecto sobre Malvinas

Habrá otro intento hoy por volver a la vida el recinto de Diputados. A pesar del Mundial de fútbol, la oposición quiere sesionar para quitarle al Gobierno los superpoderes para manejar el gasto.
Habrá otro intento hoy por volver a la vida el recinto de Diputados. A pesar del Mundial de fútbol, la oposición quiere sesionar para quitarle al Gobierno los superpoderes para manejar el gasto.
Extraña sesión la de hoy en Diputados: el kirchnerismo obligará a la oposición a que reúna el quórum para iniciar el debate de la derogación de los famosos superpoderes que utiliza el Gobierno para modificar partidas del Presupuesto nacional apelando sólo a la lapicera del jefe de Gabinete. Lo curioso radica en que el dictamen de mayoría de ese proyecto es el mismo que el Gobierno consiguió aprobar en el Senado, pero aun así y, como sabe Agustín Rossi que perderá la votación frente al dictamen de minoría de la oposición -que directamente elimina los superpoderes permanentes-, ordenó a sus diputados no ingresar hasta que el resto de los bloques reúnan el número. De lograrlo, la oposición le aplicará una derrota al Gobierno que impacta directamente en la forma en que Cristina de Kirchner maneja los fondos públicos. Todo será en una sesión donde, además, todos los bloques llegaron a un acuerdo para aprobar un proyecto que obliga a cualquier empresa que pretenda explotar hidrocarburos en el área de las islas Malvinas a pedir autorización al Gobierno argentino.

Si se arma el quórum, hoy se pondrán en tratamiento tres proyectos sobre superpoderes, aunque el último de ellos de Proyecto Sur no tiene alternativas. El que apoya el Gobierno (votado en el Senado) dispone fijar un límite de un 5% del total del gasto a la facultad de redistribuir partidas, un monto similar al que le fija la Constitución porteña a Mauricio Macri. Pero mantiene los famosos «superpoderes» de forma permanente al no modificar de fondo la reforma al artículo 37 de la Ley de Administración Financiera y al artículo 15 de la Ley Complementaria Permanente de Presupuesto que el kirchnerismo hizo sancionar en 2006. A partir de ese año se evitó la discusión de los poderes especiales que se daba en cada debate presupuestario.

Con esos poderes, el jefe de Gabinete puede hasta ahora romper una regla básica de la administración de fondos en el Estado: utilizar fondos destinados a gastos de capital para cubrir gastos corrientes, una facultad que sólo tiene el Congreso al sancionar el presupuesto. Y todo mediante una simple resolución del jefe de Gabinete.

De todas formas, para los grandes movimientos de fondos, que implican elevar el gasto total calculado para el año, el Gobierno siempre utilizó decretos de necesidad y urgencia, terreno en el que Cristina de Kirchner rompió todos los récords, por lo menos en materia de volumen.

Ese proyecto oficial, que el kirchnerismo hizo votar en el Senado para intentar demostrar una autolimitación en el uso de los superpoderes, tiene, además, una trampa contable especial: deja afuera de la limitación del 5% a la Jurisdicción 91-Obligaciones a Cargo del Tesoro, la cuenta que en realidad opera como máxima distribuidora de fondos para asistencia a provincias, obra pública o transferencias a empresas públicas o privadas subsidiadas. De ahí que la limitación que ofreció al Gobierno se volviera inútil.

Si comienza la sesión hoy, la oposición tendrá el número suficiente para sancionar su propio dictamen, que llega al recinto como de minoría porque el empate que hubo con el oficialismo fue resuelto con el voto doble del kirchnerista Gustavo Marconato, presidente de Presupuesto y Hacienda.

Lograrían así derogar la facultad permanente para modificar el destino de las partidas que se sancionó en 2006. Es decir que el Gobierno debería volver a pedir cada año los superpoderes si pretende gobernar como lo viene haciendo desde 2003.

Pero, además, la oposición quiere cerrarle el otro camino al Gobierno: el dictamen establece que sólo el Congreso puede disponer el destino de los excedentes de recaudación que se registran cada año. Con eso invalida la posibilidad de hacerlo a través de un DNU. Así, en la ventana que el Mundial les dio hoy para sesionar, le imprimirían una dura derrota a los Kirchner. Esa redistribución de fondos excedentes, logrados al subestimar los ingresos y el crecimiento de la economía, fueron siempre el principal comando de la Casa Rosada sobre los fondos públicos.

El panorama se vuelve más complicado para el kirchnerismo porque en el Senado, que deberá revisar el proyecto, difícilmente el Gobierno pueda convencer suficientes voluntades como para insistir con la sanción del proyecto original. Menos cuando los superpoderes nunca fueron populares, ni siquiera dentro del propio bloque kirchnerista.

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