Situada a unos 100 kilómetros de la capital paulista, la vida en la periferia de esta localidad turística fue reorganizada en torno a la llegada esporádica del camión cisterna, del que los vecinos llenan bidones, de todos los tamaños, para poder realizar las tareas cotidianas del hogar.
"Tengo cinco hijos y no puedo limpiar en casa. Utilizo platos y vasos descartables. Mis hijas se duchan en el colegio. La situación es muy triste", cuenta Fabiana Silvena, mientras algunos vecinos cuelgan carteles en la entrada de sus casas en los que se lee "Socorro, Itú pide agua".
En los barrios donde el camión no pasó ayer, los ituanos hacen colas durante todo el día para llenar botellas y tanques de agua en una fuente, con el fin de enfrentar una sequía que desde hace varios meses acecha la región sudeste de Brasil, especialmente San Pablo, el estado más poblado del país.
Tras caminar más de 45 minutos, Henrique Moretto llegó a la fuente pública con su mujer, unas veinte botellas de agua vacías y una carretilla oxidada para transportar la carga. Con sesenta años sobre sus espaldas, se dice cansado e "indignado" con una situación que, como otros vecinos, cree que podría haber sido evitada.
"Este problema refleja una falta de inversión. Desde hace mucho tiempo hay una falta de planificación que la sequía lo único que hizo fue sacar a la luz", dice Mariece Silvena.
Aguas de Itú, la empresa concesionaria del servicio, informó que está haciendo "todo lo que está a su alcance" para atenuar el problema, agravado por la ausencia de lluvias.
A pesar de que el problema se ha sentido especialmente en Itú, algunos barrios de la capital paulista están sufriendo "problemas", como el propio Gobierno regional, comandado por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), admitió después de las elecciones del 5 de octubre, en las que fue reelegido el gobernador Geraldo Alckmin.
En San Pablo, estado que concentra cerca del 36% de la producción industrial brasileña, los embalses se encuentran en mínimos históricos y el volumen de la represa de la Cantareira, la principal reserva de agua de la región metropolitana y que abastece a 6,5 millones de habitantes, se redujo ayer hasta el 3,2% de su capacidad.
Según una encuesta realizada por la empresa Datafolha y publicada el martes por el diario Folha de San Pablo, el 60% de los habitantes de la capital paulista relataron haber sufrido falta de abastecimiento de agua en el último mes y el 75% de los entrevistados consideró que el problema podría haber sido evitado.
En las últimas semanas, la crisis hídrica de San Pablo se coló en la campaña electoral brasileña y el gobernante Partido de los Trabajadores, así como la propia presidenta Dilma Rousseff, utilizaron el asunto como arma arrojadiza contra el PSDB, liderado por el candidato opositor Aécio Neves a nivel nacional.
"Es preocupante y también muy triste saber que los brasileños que viven en San Pablo, el estado más rico del país, están pasando por una crisis de falta de agua sin precedentes, porque estamos hablando de un problema alertado hace diez años", afirmó recientemente en una entrevista la mandataria.
En un acto de campaña realizado el lunes en San Pablo, Rousseff, subrayó que la crisis hídrica refleja la visión del PSDB "contraria a la inversión planificada" y que "no tiene compromiso con el tema del abastecimiento de servicios fundamentales para la población".
| Agencia EFE |


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