Caracas - La estadounidense Kellogg cesó ayer sus operaciones en Venezuela debido a la crisis económica que enfrenta el país, un anuncio que llevó al presidente Nicolás Maduro a ordenar la toma de su planta.
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La salida de la compañía fabricante de alimentos sorprendió a los trabajadores, un grupo de los cuales permanecía a las puertas de fábrica, ubicada a unos 100 kilómetros de la capital, sin poder ingresar a las instalaciones.
Unos 380 trabajadores ya empezaron a recibir en sus cuentas bancarias el pago de la liquidación.
La empresa, una de las pocas que seguía produciendo cajas de cereales en el país, dijo que la decisión es definitiva por el deterioro de la situación económica y social.
"Es la guerra de las transnacionales y el imperialismo", reaccionó el mandatario venezolano en medio de un acto de campaña a cinco días de las elecciones presidenciales en las que buscará un segundo mandato.
"La empresa se la hemos entregado a los trabajadores y vamos a iniciar acciones judiciales para solicitar el código rojo a los dueños y que paguen en los tribunales", agregó. Maduro consideró el cierre un acto ilegal.
Compañías como Clorox, Kimberly Clark y General Motors abandonaron el país en los últimos años, agobiadas por años de recesión e hiperinflación.
Las autoridades venezolanas en el pasado han ocupado las fábricas que las compañías extranjeras dejan en el país para intentar que sigan produciendo con sus antiguos empleados.
La salida de Kellogg llega en medio de tensiones entre las empresas y el Gobierno, que intenta detener las subas de precios pero no tampoco divisas a tasa oficial a las firmas que producen a mínimos por falta de materiales o bajas ventas.
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