Miguel Russo anunció que no seguiría en Rosario Central, pero ante el pedido de los socios, hoy tratarán de convencerlo. Usandizaga pegó un portazo y tomó «licencia por enfermedad».
Por la mañana, Miguel Ángel Russo daba por concluidas las negociaciones con Rosario Central y muy apenado decía que no seguía siendo el técnico al no llegar a un acuerdo con el presidente, Manuel Usandizaga, ni en lo económico ni en lo deportivo.
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El presidente ya había advertido que «Russo era un técnico caro» y que las finanzas del club no estaban para su proyecto, y hasta desactivó la posibilidad de la llegada de Edgardo Bauza en su reemplazo (otro ídolo del club), pero a la noche todo cambió. Un grupo de 200 hinchas fue a la sede a protestar por no haber retenido al técnico, y el presidente, furioso, «pidió licencia por enfermedad», una forma de renuncia encubierta que dejó al frente del club al vicepresidente primero, Daniel Viliguer. El nuevo presidente tranquilizó a los hinchas diciendo que «iba a volver a negociar con Russo y que le iba a ofrecer el dinero que el técnico exigía por un año de contrato (se habla de cerca del millón de dólares anuales)».
Usandizaga, por su parte, se dirigió a su domicilio, donde se encontró con un grupo de hinchas, pero no llegaron a hostigarlo por la gran presencia policial.
El ex presidente (o presidente en licencia) viajará a Europa el 1 de agosto y allí pensará si vuelve o no al club, mientras tanto hoy Viliguer intentará comunicarse con Russo y volver a negociar su continuidad como técnico en el club.
La gente se fue esperanzada, pero hoy se sabrá si Russo sigue.
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