Si existiera una escala paralela a la que mide los movimientos telúricos, probablemente había que adjudicarle una graduación de arriba de «8» a lo que vivieron ayer todos los índices del mundo. No porque hayan existido porcentuales catastróficos en la rueda de ayer los hubo más dilatados no hace mucho, pero sí porque se trató de una rueda que propinó un golpe fuerte a un mercado que ya venía caído, vapuleado, en plena tónica bajista y consecutiva. Y, para peor, cuando el epicentro del terremoto -ahora Europa- venía de jugar varias cartas fuertes, pretendiendo encauzar nuevamente la situación. Y nada de eso ocurrió, por lo cual se metió ahora -desde Alemania, en especial- mano directa sobre lo que hace a importantes instrumentos de la actividad bursátil. La sensación de ayer, para nosotros, es que si había una estructura que venía con rajaduras serias dentro de la tendencia, se desplomó sin miramientos.
Una de las muestras más graves se vio en el recinto local, donde el Merval perforó el piso de los 2.100 y ya teniendo a la vista una marca de poder simbólico: los 2.000 puntos. En el día, y más allá de bajar un 4%, solamente un papel aparece con alza y del 0,64% (Repsol), con 75 plazas en retroceso -las cinco primeras, entre más del 6% y casi un 10%- dibujando un plano inclinado casi vertical.
De última, agregando el volumen efectivo y sus 67 millones de pesos, es fácil inferir que no hubo cierre defensivo necesario en estos momentos. Y la oferta rompió límites, con tal de colocar papel. No hay modo de disimular las evidencias, se trató de una fecha mundial que dejó un pozo abierto. Y lo de hoy es de temer. La Bolsa, escombros.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario