22 de abril 2016 - 00:00

Se paga a holdouts pero problema pasa a futuro

Evo Morales
Evo Morales
 Más allá de que es sano pagar las deudas, como salir del default, la histórica emisión de bonos por u$s 16.500 millones es una pobre noticia. Y esto sin discutir que Evo Morales, que tiene las relaciones rotas con el FMI y con el Gobierno de EE.UU., paga un interés del 5,95% por el bono a diez años que Prat Gay pagará al 7,5%. Con esta altísima tasa, cuando los bancos centrales europeos las pagan negativas, era muy obvio que la demanda sería altísima. Según una encuesta del Financial Times, 17 de 20 inversores pensaban comprar bonos argentinos.

Aunque es políticamente muy difícil, lo cierto es que haber cancelado la deuda con los "holdouts" vendiendo propiedades estatales y recortando gastos hubiera sido mucho más sano que transferir el problema hacia adelante. Para peor, según Economía & Regiones, se necesita emitir deuda por u$s 20.000 millones para cubrir necesidades correspondientes a este año y por otros u$s 23.400 millones para 2017.

De esta emisión se destinarán, según Prat Gay, u$s 12.000 millones para cancelar la deuda, y u$s 4.500 millones para inversiones en infraestructura, lo que resulta contraproducente porque la entrada de dólares provocará una baja de la divisa retrayendo las exportaciones y favoreciendo las importaciones que, de hecho, vienen creciendo demostrando que ayudan a bajar los precios, pero no a la inflación que sigue en alza.

Pero, por sobre todo, porque se paga por vía impositiva en el futuro, cuando podría haberse usado ese dinero precisamente para bajar hoy la inflación y los impuestos que crean pobreza porque son derivados vía suba de precios o baja de salarios. Para remate, la obra pública significa una mala asignación desde que son recursos retirados del mercado, que trabaja en busca de la eficiencia en tiempo real, para ser "invertidos" por un burócrata tras un oscuro escritorio.

Los supuestos beneficios de esta histórica colocación de bonos serían varios, según sus defensores. El primero, obviamente, es que los estados nacionales y provinciales tendrán más crédito, lo que es cierto, pero eso es una desgracia para el mercado que ve un Estado cada vez más grande. Según el economista jefe de Puente Hermanos, las provincias podrían colocar deuda al 8,5% por un total de entre los u$s 3.500 y u$s 4.000 millones.

Otro beneficio sería que ocurriría un mejoramiento del crédito para el comercio internacional y es verdad que las tasas de interés bajaron un 50%, del 12% al 6%. Mientras que los importadores, de tener que pagar por adelantado, ahora cuentan con un lapso de hasta 120 días. Pero esto es verdad indirectamente, es decir, el verdadero problema era el cepo cambiario y la imposibilidad del que el Gobierno les entregue divisas para pagar las compras en el exterior; con estos dólares nuevos que tiene el Gobierno ese temor se disipa.

El último beneficio sería la llegada de inversiones del exterior, lo que tiene muy poco sentido. Más allá de algunos fondos de inversión que -por razones puramente especulativas, no operativas- tienen como norma no invertir en países con serios problemas deudores, al resto de los inversionistas reales -privados que invierten en producción y servicios- lo único que les interesa es la rentabilidad que viene cayendo debido al fuerte aumento del "costo argentino", de la presión fiscal -impuestos más inflación- que, irónicamente, es potenciada por esta histórica emisión.

Además, es más rentable la bicicleta del Gobierno antes que invertir en producción. Según Pablo Castagna, de Puente, por caso, una cochera en la zona de Palermo tiene una TIR que no llega al 5% anual, contra el 38% que ofrece el Gobierno a través de Lebac que son la "inversión" estrella, alejando cada vez más la inversión privada productiva, al punto de que ni las "UVI" indexadas por precios resultan atractivas y hasta especuladores externos vienen deprimiendo el precio del dólar. A lo que hay que sumarle, por cierto, el encarecimiento del crédito para el sector privado productivo.

Desde el BCRA insisten en que la tasa de interés no bajará hasta que no baje la inflación. Esto no tiene sentido, la única forma de bajar la inflación es bajando la emisión porque absorber dinero ya emitido -con Lebac- provoca una caída en la demanda de dinero -que la gente entrega por estas Letras dejando de demandar para consumo- y entonces el diferencial con la oferta sigue siendo alto. Y el círculo vicioso de cada vez más deuda, cada vez más estado y menos sector privado productivo se agranda.

Así las cosas, según la consultora Scentia, el consumo se contrajo fuertemente, un 4% en marzo con respecto al mismo mes del año anterior en los súper y autoservicios. En los híper llegó al 8,5%. Mientras la suba del IPC en abril llegaría al 7%, según el estudio Bein, en tanto que "la inflación acumula un 20% desde que arrancó el año", mientras que la caída de los salarios reales sería del 16%.

(*) Economista

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