26 de julio 2011 - 00:00

Se preguntan si la ultraderecha europea sembró al monstruo

París - Los partidos de ultraderecha en Europa, que en los últimos diez años ganaron espacio en las urnas, estaban ayer en el banquillo tras las matanzas de Noruega cometidas por un exmilitante del populista Partido del Progreso que denuncia la creciente islamización del Viejo Mundo.

Anders Behring Breivik,
presentado por las autoridades como un «fundamentalista cristiano», militó en el Partido del Progreso (FrP) entre 1999 y 2006 y fue responsable juvenil a nivel local.

«Me entristece aún más saber que fue miembro de nuestro partido»,
declaró Siv Jensen, jefa del FrP, segundo partido de Noruega -ocupa 41 de los 169 escaños del Parlamento-, que defiende un endurecimiento de la política de inmigración y denuncia una islamización de la sociedad.

Politólogo experto en la extrema derecha, Jean Yves Camus considera que el «asunto principal» es saber «qué relación existe entre la violencia política de extrema derecha y el avance de formaciones populistas xenófobas, algunas claramente de extrema derecha».

Afirma que esos partidos juegan un doble papel: «frenan» las expresiones más violentas pero «generan gente que en un momento» abandona esas estructuras.

Según el experto francés en países escandinavos Cyril Coulet, ése fue el caso de Breivik, que consideró al FrP «demasiado moderado».

ONG que luchan contra el racismo y la xenofobia señalaron inmediatamente la responsabilidad de las formaciones de ultraderecha en tragedias como la de Noruega, que mostró «el verdadero rostro de la extrema derecha», según la asociación SOS Racismo.

«En toda Europa, los partidos populistas y de extrema derecha tienen una fuerte responsabilidad en el clima de deterioro que pesa en todo el continente», afirmó el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad de los Pueblos (MRAP), que mencionó a las formaciones de ultraderecha presentes en Francia, Noruega, Dinamarca, Hungría y Holanda.

La ultraderecha también ganó terreno en Suecia, Finlandia, Bélgica, Bulgaria, Austria, Italia, Grecia y Eslovaquia.

Estas acusaciones pusieron a la dirigencia de ultraderecha a la defensiva.

Marine Le Pen, jefa del Frente Nacional (FN) que en los últimos meses llegó a cosechar más del 20% de las intenciones de voto con miras a las elecciones presidenciales francesas de 2012, acusó al MRAP de hacer una «amalgama abyecta entre el FN y el terrible drama noruego», que atribuyó a un «desequilibrado solitario».

El líder del Partido para la Libertad (PVV), el holandés Geert Wilders, también atribuyó los ataques a un «espíritu violento y enfermo».

«Quieren comprometer a los partidos de derecha con esta clase de gente. No tenemos nada que ver con esta clase de gente», se defendió Filip Dewinter, líder del partido de ultraderecha flamenco Vlaams Belang, que en las pasadas elecciones belgas obtuvo el 12,6% de los votos.

«Aun si el FrP se distancia de su retoño, deberá interrogarse sobre la abominación que pudo alimentar», opina el editorial del diario Liberation.

El movimiento de extrema derecha English Defence League (EDL) desmintió contactos con Breivik, a quien las autoridades noruegas presentaron rápidamente como un «noruego de origen» para frenar especulaciones sobre una autoría islamista.

Los expertos coinciden en que tras los atentados de 2001 en Estados Unidos, los partidos en el poder y los servicios de seguridad se concentraron en el extremismo islámico.

«En algún momento habrá que preguntarse sobre la responsabilidad de las ideas» que «presentan a Europa como un continente en vías de islamización y a todos los musulmanes como enemigos de Occidente», consideró Camus. «Hay mucha gente que juega con fuego», advirtió.

Agencia AFP

Dejá tu comentario