28 de enero 2011 - 00:00

¡Sean más sinceros!

El debate sobre el uso de las reservas del BCRA llega a su fin. Todo comenzó cuando Matías Kulfas defendió la posición oficial y recibió una balacera ortodoxa liderada por Martín Lagos y luego por José Luis Espert. Hubo contraataques y hoy se da la batalla final. Reaparece Kulfas, contraataca Rubinstein. Surge una «tercera vía» que abre Miguel Kiguel. La discusión sobre las reservas derivó también sobre las raíces de la inflación. Todo se recalentó. La sensación térmica llega ya a los 40°. Buen momento para un respiro para las partes. No es poco lo que se logró: una discusión seria sobre un tema clave de la economía local.

Quiero enfatizar acerca de la política inflacionaria del Gobierno (y del BCRA) sobre la base de dos notas de Matías Kulfas y algunos dichos del BCRA. En su presentación del programa monetario, el BCRA nos dice que «la política del BCRA está basada» -entre otros puntos- en «el control de los agregados monetarios en orden a la estabilidad». Kulfas dice asimismo que la evolución de los agregados monetarios es «consecuencia, no causa» de la inflación (que según él se debe a la «puja distributiva» y a la suba de precios internacionales). En otras palabras, es como si dijera: «Existe puja distributiva, aumento de alimentos, etc.; ello leva a inflación del 25%, y el BCRA la avala permitiendo que se expanda dinero acorde con esa inflación». Si así lo asumieran, sería un gran avance ya que podríamos empezar a discutir en serio. Pero en lugar de ello, Kulfas pareciera querer llevar el tema a una disputa entre «monetaristas» y «keynesianos».

Cualquiera que conozca «algo» de política monetaria está en condiciones de saber que la política monetaria del BCRA es pro inflacionaria (digamos «consistente» con una inflación del orden del 25%). La discusión entre los que propugnamos una inflación mucho más baja y ellos nada tiene que ver con las discusiones entre monetaristas y keynesianos.

En la Argentina hay muy buenos economistas keynesianos que consideran que tener una inflación muy alta es bien negativo, y que saben perfectamente que la política actual «genera» y/o «convalida» muy alta inflación. Menudo problema se da si Kulfas o Marcó del Pont dijeran que la inflación no es del 25%, sino del 10% (INDEC). ¿Cómo explicarían una expansión monetaria del orden del 30% (con crédito creciendo al 40%), cuando ellos mismos proyectan un PBI creciendo entre un 3,5% y un 6,5%? Porque, en este caso, estarían aceptando que no sólo «convalidan» la inflación causada por la puja distributiva y la suba de precios externos, sino que estarían aceptando que el BCRA es un verdadero promotor «autónomo» de alta inflación.

Percepción

Por ahora son percibidos como «pro inflacionarios pasivos». Si creyeran en el INDEC, estarían aceptando ser percibidos como «fanáticos de la alta inflación». En el primer caso (si creen en que la inflación es del 25%), estarían asumiendo que el BCRA está «pintado», que nada tiene que hacer en cuanto a la inflación (¿y en qué quedaría lo del «control de los agregados monetarios en orden a la estabilidad»?). En el segundo caso, fogoneando más inflación, quedarían como extravagantes fundamentalistas inflacionarios. En ambos casos, muy poco honrosa conducta.

Me animo a una idea que suena muy elemental, pero en la Argentina de hoy no lo es: ¡sean sinceros! Reconozcan que la inflación es del orden del 25%, que por eso promueven una expansión monetaria del 30%, porque consideran que de lo contrario atentarían contra la producción y el empleo, y ahí sí den lugar a un debate con algún sentido, entre ustedes, los «aceptadores» o «promotores» de la alta inflación, y los que pensamos que para la Argentina sería mucho mejor una inflación mucho más baja, parecida a la de Chile, Brasil, China o tantos otros países, que crecen mucho y que logran resultados de baja de la pobreza y de la indigencia, y de distribución del ingreso muy superiores a los nuestros.

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