13 de enero 2012 - 00:00

Sequía y controles, agenda de Cristina

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
El fantasma de que vuelva a tensarse el vínculo con las entidades agrarias, a raíz de la sequía que afecta a vastas zonas del país, obligó a Cristina de Kirchner a seguir, ayer, en detalle la evolución de la reunión de Norberto Yauhar con los dirigentes del campo.

El ministro de Agricultura, que hasta ahora tercerizaba el diálogo a través del jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, mantuvo -aunque en el Gobierno se relativizó ese dato- contactos con la Presidente para evaluar la marcha de ese conflicto (ver nota aparte).

Este diario ya contó, a principios de esta semana, que la falta de lluvias se había convertido prácticamente en el único tema de trascendencia en la agenda de gestión oficial al punto que la mayoría de los ministros y funcionarios se involucró en ese asunto.

En particular porque desde Agricultura trascendió que no había certezas sobre la dimensión de la sequía -hasta se habló de la distribución de imágenes viejas- por lo que se hicieron sondeos por varias vías para comprobar hasta qué punto está afectando la falta de lluvias.

Guillermo Moreno, eficaz sospechador, fue uno de los funcionarios que rastreó datos y pidió informes. Es más: desde el SENASA se contradijo el planteo trasmitido por las entidades respecto de que por la sequía ya se registraban muertes de animales. El SENASA dijo que no le fue informado ningún caso.

Con carácter retroactivo, el Gobierno terminó por valorar los aportes que durante su gestión hizo Julián Domínguez que operó, con éxito, para quebrar el frente rural. El resultado de aquellas gestiones, digitadas por Néstor Kirchner, se notaron en estas horas.

A pesar de las protestas, queda un único foco de rebeldía explícita y menguada: la de Eduardo Buzzi quien, llamativamente, había pacificado sus críticas en el tramo final de Domínguez pero reapareció, con virulencia, en los últimos días contra Yauhar.

Al margen de ese tema, Cristina de Kirchner espera para las próximas horas un informe médico sobre su evolución posoperatoria. Se habló de la posibilidad de un viaje al sur. Ayer, en Gobierno, sostenían que recién hoy podría haber novedades precisas al respecto.

A priori, se indicó que la prescripción médica era no volar hasta tanto esté avanzada la evolución. Pero se especuló con que si existiese una autorización, la Presidente podría viajar al sur para pasar allí unos días. «A lo sumo, un breve descanso», se dijo.

Es ése, otro argumento para negar la posibilidad de que la Presidente acorte su licencia que solicitó por 20 días desde el 4 de enero hasta el 24, temporada en la que queda a cargo el vicepresidente Amado Boudou.

Al contrario, aunque los planes se manejan en reserva y están sometidos bajo constantes variables según los controles médicos, se mencionó que la Presidente cancela su visita oficial a Chile para verse el 26 de enero, con el presidente trasandino Sebastián Piñera.

A la hora de especular, ese potencial faltazo no sólo respondería a una cuestión de salud: ayer en Gobierno se habló con sorna del encuentro entre el mandatario chileno y el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri que ensayó un libreto nacional al agradecer el respaldo de Chile en el tema Malvinas.

En tanto, después de meses de silencio, reapareció el diputado peronista José María Díaz Bancalari, en otros tiempos habitual vocero oficioso K. Y lo hizo para intervenir en la polémica sobre el fallido diagnóstico inicial de la mandataria. El legislador de San Nicolás acusó a la oposición de haber «lamentado» que no haya sido cáncer el diagnóstico de la Presidente.

«¿A alguien se le ocurre que le van a extirpar (a la mandataria) la tiroides porque sí, para simular una enfermedad? A mí me resulta muy doloroso que se dediquen a hacer estas cosas que no tienen ningún asidero», se quejó el dirigente.

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