Serio: Brasil podría ampliar restricciones

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• Si la Argentina no levanta las trabas, irían por otros sectores con déficit, como químico y farmacéutico

Al decidir frenar las importaciones de autos, el Gobierno brasileño jugó fuerte. Dilma Rousseff despejó así las dudas: su Gobierno va a ser más duro con la Argentina que su antecesor, Lula da Silva. Para los analistas, el haber ido contra un sector altamente concentrado y con fuerte lobby como el automotor es prueba de ello. Ahora se teme que si no hay una reacción favorable de parte del Gobierno de Cristina de Kirchner, van a ir contra otros sectores con los cuales tengan déficit bilateral, como el químico o farmacéutico.

La decisión que tomó el ministro de Industria brasileño, Fernando Pimentel, plantea dos lecturas. La presidenta Rousseff está decidida a ir hasta el final, o esto ha sido un exceso de improvisación de parte del ministro. En el primer caso, las consecuencias para el comercio bilateral serán tremendas y peores para la Argentina. Y si fuera inexperiencia, también es un problema serio, porque si Brasil da marcha atrás, será un fácil triunfo para la ministra Débora Giorgi. Al respecto, vale señalar que Pimentel es de extrema confianza de Rousseff.

Lo cierto es que el Gobierno brasileño ya venía insistiendo desde marzo para que su par argentino flexibilizara las restricciones a importar impuestas a los productos brasileños.

Incluso en abril ya se esperaban las primeras represalias. Giorgi no desconocía esta situación ni puede argumentar que no fue advertida de las represalias brasileñas. En cambio, sí fue la ministra argentina la que decidió jugar fuerte, entonces subestimó demasiado a sus pares brasileños.

Porque tras la movida de Pimentel la presión de los empresarios brasileños sobre el Gobierno petista se ha intensificado. Son ahora los industriales y exportadores del influyente estado de Río Grande do Sul los que reclaman que se aplique «urgentemente» la misma medicina para sus competidores argentinos y que se normalice el comercio. Los sectores más afectados serían, además de calzados y textiles, alimentos, maquinaria agrícola, muebles y la industria metalmecánica. La queja es la misma que planteó meses atrás el ministro Pimentel: la Aduana argentina, a través de las licencias no automáticas para importar, está perjudicando al 80% de los exportadores de la región sur de Brasil. Según el diario Folha, el presidente de la Federación Industrial de Río Grande do Sul, Paulo Tigre, el 12% de los embarques «gauchos» son perjudicados por las restricciones argentinas que ya obstaculizaron ventas por u$s 200 millones. Unas 800 empresas brasileñas comercian con la Argentina, y el 80% está teniendo problemas.

Luego del cruce epistolar y telefónico entre Giorgi y Pimentel de los últimos días, el Gobierno brasileño rechaza todo tipo de imposición argentina (como el levantamiento de las restricciones a autos) para iniciar una mesa de negociación.

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