31 de agosto 2009 - 00:00

Serio: podrían caer 100 bancos más en EE.UU.

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
Nunca está de más separar la paja del trigo. Que la economía recupera la vertical es un hecho innegable. Nadie discute tampoco los bríos de los mercados de capitales.

Allí, hasta los muertos

vivos marchan hoy con entusiasmo. A la cabeza del volumen de negocios, las acciones de un trío de zombies financieros conectados al pulmotor de la ayuda oficial -AIG, Fannie Mae y Freddie Mac- son las favoritas de quienes arman y desarman posiciones en el día. En agosto, su valor creció tres veces y medio a pesar de estar enterradas en una montaña de deuda con el Gobierno. Que los cajones de sardinas coticen en alza -como dice el viejo refrán- no es garantía de la calidad de la pesca. Extrapolar el mejor semblante de la economía, o la algarabía de los mercados, a la salud del crédito es dar un paso todavía temerario. Y no lo afirma un profano. «Estamos lejos de poder declarar ningún tipo de victoria. No esperamos que la situación mejore para la industria bancaria en el corto plazo». Son palabras, textuales, de James Wells III, presidente del banco Sun Trust, una de las 19 entidades principales de los EE.UU. y una de las que aprobaron los exámenes de estrés con las más bajas proyecciones de quebrantos (su cotización, dicho sea de paso, trepó un 30% en agosto). Se sabe que, para los bancos pequeños y medianos, las aguas bajan turbias. Los años 2005 y 2006 fueron de completa paz bancaria, sin decesos ni tropiezos.

La crisis se cobró las tres primeras víctimas en 2007. Un año después despachó a 25 (sin contar a Lehman Brothers). En lo que va de 2009, la FDIC (la corporación federal que administra el seguro de los depósitos) liquidó 84 entidades. Y su faena no concluyó. En un pronóstico muy conservador, no menos de un centenar de otras firmas caerá en la picota. La tormenta financiera fue menos traumática durante la recesión de principios de los años noventa y trazó una estela más profunda. Bajo su influjo, sucumbieron 381 bancos en 1990 y 268 en 1991. La economía ya transitaba la fase de recuperación, pero las penurias crediticias -que siempre operan con rezago- voltearon otras 179 firmas financieras en 1992. El alivio llegaría después: en 1993 «sólo» desaparecieron 50 bancos.

La lista de instituciones en problemas, que cada trimestre confecciona la FDIC, abona los vaticinios sombríos. Sumaba 50 nombres antes de la crisis y trepó a 252 al filo del año pasado. En marzo ya eran 305 y en el último recuento, al terminar junio, 416 (con activos por valor de u$s 300.000 millones). Los grandes bancos -cuyas carteras individuales pueden exceder varias veces dicha cifra- no forman parte del listado.

Las declaraciones del titular de Sun Trust, empero, no hacen distingos. La cobranza de los créditos es una cuesta escarpada para todos. Sólo que cuando un grande tiene problemas serios -como, por ejemplo, un Wachovia-, la solución pasa por la vía rápida; un carril expreso de atención VIP que procura no hacer olas y no da tiempo siquiera a tomar la filiación del involucrado.

Crecimiento

Los trastornos crediticios no les quitan el sueño a los inversores en las Bolsas. Ni a los depositantes, como lo revela el crecimiento sostenido de sus colocaciones bancarias. Sheila Bair, la inquieta titular de la FDIC, lo expresa claramente. En sus 75 años de existencia, la garantía oficial de los depósitos fue siempre una muralla infranqueable. «Ningún asegurado ha perdido nunca un penique y nadie lo hará». Los escépticos que apuntan al hecho cierto de que el Fondo del Seguro de Depósitos (DIF) vio mermar sus recursos, en el último año, de u$s 45.000 millones a poco más de u$s 10.000 millones equivocan el dardo. No sólo porque la FDIC cuenta con reservas para afrontar contingencias por otros u$s 32.000 millones, sino, en lo esencial, por su capacidad de acceder al financiamiento del Tesoro, por un monto adicional de hasta u$s 500.000 millones, si fuese necesario. Para tener un marco cabal de referencia, vale acotar que los depósitos bancarios, bajo la égida de la FDIC, suman u$s 9 billones (de los cuales, u$s 4,8 billones están protegidos por la cobertura). A fines de junio, el sistema -con un patrimonio contable de u$s 1,4 billón- lidiaba con activos en mora por u$s 332.000 millones.

A contramano de la mejoría registrada por los mercados de capitales y la economía entre abril y junio, la banca, que ganó u$s 5.500 millones a comienzos de año, soportó un quebranto de u$s 3.700 millones en el segundo trimestre. Fue, después de un rojo de u$s 37.300 millones en el cuarto período de 2008, su segunda pérdida en los últimos 18 años. El deterioro persistente de la calidad de los créditos provocó el traspié. Los bancos izaron sus provisiones para cubrir quebrantos, con cargo a resultados, en u$s 66.900 millones. Y consumieron en el trimestre la parte del león: tuvieron que castigar cartera por u$s 48.900 millones. Así, la tasa anualizada de «charge-offs» trepó a un nuevo récord: un 2,55%. Entretanto, la mora continúa en ascenso en todos los frentes, aunque la magnitud del incremento se moderó, lo que puede computarse como un signo auspicioso.

El crédito y el empleo son, qué duda cabe, las trincheras más encarnizadas del combate. Allí se refugiará la crisis y ofrecerá resistencia aun después que la economía logre recuperar la fluidez de una mayor producción. La franqueza de Wells III no deja lugar a dudas. El ciclo del crédito está lejos de un punto de giro. A su juicio, las condiciones del mercado comercial de bienes raíces continuarán deteriorándose hasta avanzado 2010. Y forzarán a los bancos a tomar mayores quebrantos. No es el único que lo piensa. Un mes atrás, Josef Ackerman, el mandamás de Deutsche Bank, desplegó igual libreto. Como si ambos leyeran una misma copia.

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