"Hay que reconstruir el sistema financiero", sostuvo el economista José Siaba Serrate en la exposición con la que ingresó a la Academia de Mercado de Capitales.
«El sistema financiero requiere una revisión a pleno que mejore sus condiciones de estabilidad.» Así lo señaló el economista José Siaba Serrate en su exposición con la que fue incorporado a la Academia de Mercado de Capitales.
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Además, en el acto organizado por la Universidad del Salvador del que participaron Jorge Berardi, Juan Tobías y Guillermo Harteneck, Siaba Serrate sostuvo que «la crisis en sí nada dice sobre las bondades de sistemas alternativos al capitalismo. No debiera alentar per se la migración de sistema, más bien un remozamiento».
A continuación se destacan los puntos más importantes de la presentación.
Esta es una crisis del capitalismo. En su perfil estilizado, no muy distinta de la legión de episodios ilustres que la precede. No es una crisis del capitalismo químicamente puro por la sencilla razón de que el capitalismo de laissez faire no se encuentra en vigencia. La crisis en sí nada dice sobre las bondades de sistemas alternativos al capitalismo. No debiera alentar per se la migración de sistema, más bien un remozamiento.
Los mercados no son infalibles. Y sus errores, en una economía basada en los mercados, pueden resultar muy caros si son sistemáticos y sólo se descubren tras un largo tiempo. No es posible identificar con precisión cuándo una suba sostenida de precios constituye una burbuja o no. Más aún cuando operan fenómenos extraordinarios como un salto en la tasa de crecimiento de la productividad.
Las crisis sistémicas ocurren siempre con posterioridad a períodos de vigorosa expansión. En una crisis de aluvión, importa menos la causa-original que la pendiente del plano inclinado.
El riesgo moral es un veneno lento. El riesgo sistémico mata en el acto. En plena ebullición de la crisis, esa diferencia es crucial. Tal la lección de la experiencia Lehman Brothers. La intervención del Estado es un recurso de estabilización excepcional, a ser usado en forma temporaria y como última instancia.
El sistema financiero requiere una revisión a pleno que mejore sus condiciones de estabilidad. Esa inspección crítica deberá tener en cuenta su contribución tanto a la Gran Moderación como al estrépito de la crisis. El sistema financiero vigente es perfectible. No sería sensato desecharlo en bloque. Requiere cambios que le devuelvan confiabilidad. Y deberá acomodarse a una previsible reducción de su tamaño relativo. Sin embargo, a su versión corregida, se le exigirá no sólo robustez de estructura sino, a mediano plazo, la capacidad de volver a propulsar la expansión económica. El apalancamiento probó ser excesivo y procíclico.
En el tiempo, el mayor desafío no es blindar el sistema financiero sino reconstruir su funcionalidad. Esto es dotarlo de una capacidad autónoma de creación de crédito que sea compatible con las necesidades de la economía real. Una vuelta a la banca clásica de intermediación es una solución con alta demanda en la actualidad pero que, en el tiempo, puede proveer una dinámica económica y crediticia no satisfactoria.
La política monetaria y la política de estabilidad financiera deben integrarse. La regulación y la supervisión no deben limitarse al análisis de cada institución por separado sino extenderse a una evaluación del sistema en su conjunto.
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