El trigo apenas superó los 8 millones de toneladas en la última campaña. El alza del costo de fertilizantes, el mal clima y la incertidumbre política volverían a golpear la producción de este cereal.
La campaña de trigo que se inicia el próximo mes llena de dudas a los agricultores, ya que se espera una complicada situación de costos, en medio de la incertidumbre que generan la marcha de la política local, los precios internacionales y el clima. En este escenario, expertos de Coninagro y de la cadena triguera ya advirtieron que la inversión necesaria será más alta que lo esperado y podría seguir reduciéndose el área implantada.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«Estuvimos analizándola y es complicada y elevada porque aumentaron mucho los insumos», afirmó Daniel Assef, asesor económico de la entidad presidida por Carlos Garetto, que estimó un costo que oscilará entre los u$s 350 y u$s 400 por hectárea, con la aplicación de todos los fertilizantes y dependiendo del lugar y nivel de producción.
Con los «precios a los que se está vendiendo el trigo en este momento (llegó a $ 550 la tonelada) se necesitan rendimientos muy elevados como para poder cubrir este tipo de costos», señaló Assef.
El rinde promedio de trigo es de unos 2.000 kilos por hectárea, a causa de cultivos que han pasado por dos años consecutivos de sequía combinada con heladas, lo que mermó la producción a sólo 8,2 millones de toneladas contra entre 13 y 17 millones de los ciclos anteriores.
Entre los aumentos, para Assef son importantes de considerar los «costos de implantación, la mano de obra y la urea (nitrógeno perlado), que debería valer u$s 450 la tonelada».
«El año pasado había un área de 4,2 millones de hectáreas de trigo; este año tranquilamente se van a sembrar menos y si el productor está arrendando campos, no va a tener una rentabilidad positiva», añadió el dirigente de Coninagro.
Por su parte, Santiago Cameron, presidente de la Asociación de Productores de Trigo, recordó: «Lo venimos previniendo en los últimos meses; hemos llegado a no poder bajar más el área sembrada para poder mantener el abastecimiento interno. Ya no pensamos en exportar».
La matriz alimentaria que genera la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario estima que algo más de 6 millones de toneladas de trigo deben destinarse al mercado local y sólo el remanente puede ser objeto de exportación. La floja cosecha 2008 ya provocó que clientes históricos de la Argentina, como Brasil, comenzaran a buscar vendedores alternativos -por ejemplo, Rusia- para abastecerse de este cereal.
«El desfase comenzó en mayo de 2006, con la intervención del mercado por parte del Gobierno para contener el precio del pan», aseguró Cameron. «Cuando el mundo pedía por ese cereal, se bajaron las cuotas para poder exportarlo, y las retenciones más los factores climáticos y las políticas ridículas ponen al país al borde de no tener para el consumo interno», concluyó el productor triguero.
Dejá tu comentario