Simpática comedia italiana sobre parejas en crisis

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«Todos tenemos un ex» (Ex, Italia-Francia, 2009, habl. en italiano). Dir.: F. Brizzi. Guión: F. Brizzi, M. Bruno, M. Martani. Int.: S. OrlanC. Bisio, N. Brilli, M. Zidi, A. Gassman, G. Tognazzi, C. Capotondi, C. Cassel, C. Gerini.

Los hijos de un matrimonio en trámite de divorcio piden al juez divorciarse de sus padres, por egoístas e ignorantes. A poco el juez y su esposa también deciden divorciarse, tras gritarse como energúmenos delante de sus invitados, y de la hija que viene a despedirse. Gracias a un ascenso, la chica se traslada a Nueva Zelanda, dejando al noviecito lleno de dudas frente a sucesivas pantallas. El amigo de la casa, profesor y psiquiatra divorciado, mira todo con suficiencia, pero de pronto la ex muere en un accidente y él debe ocuparse de las hijas, que le descubren lo que no supo ver y se perdió definitivamente.

Al margen, el joven policía que concurre al accidente, viene de darle unos golpecitos amenazadores al actual novio de la pantera que todavía lo tiene loco. El actual novio puede perder los dientes, si no se retira enseguida del campo de juego. Y más al margen, en una iglesia lejana, una pareja está por casarse. El, atento a los televisores de plasma de regalo (y la de 19 de la despedida de soltero). Ella, atenta al cura que los va a casar. El tipo es cura por culpa de ella, años atrás fue su mejor amante. Claro, cenizas quedan, y no precisamente de las velas.

En síntesis, seis historias de separaciones, pero también de posibles reparaciones, y renovaciones. Tres amablemente graciosas, una dulzona y turística, otra irónica y bien apretada, y una melancólica. La primera se queda en apuntes, pero las otras alcanzan buen desarrollo, cubriendo un amplio espectro sentimental, con esa cualidad de las comedias italianas de conjugar sonrisas y ternuras, artistas de calidad y figuras de la televisión, momentos inspirados y reverendas pavadas de buena colocación comercial.

A destacar, Silvio Orlando (el juez), Carla Signoris (su esposa), Claudio Bisio (el viudo), y Alessandro Gassman (el policía), hijo de tigre que todavía busca una buena presa para lucirse del todo. También aparece, poco e irreconocible, Enrico Montesano, que hace treinta años rompía todas las boleterías. Y se confirma el director Fausto Brizzi, que las rompe ahora en Italia. Primero fue libretista de éxitos internos en estreno navideño, luego hizo dos estudiantinas que derivaron en diarios escolares, novelitas, una remake, un musical, etcétera. Y ahora esta comedia sentimental que allá estrenó, oh casualidad, justo para el Día de San Valentín. Entretenida, ágil, amable, de buena vista, buenos nombres, asunto para todo público, y multitud de parejas besándose al comienzo y al final, resulta una obra indicada para parejas de toda edad, en particular para quienes quieran hacer una salida romántica (mejor dicho, una entrada) con previa especial.

P.S.

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