La buena noticia es que se quebró la seguidilla de seis bajas consecutivas del Dow. De todas formas, como el promedio apenas avanzó un 0,15%, para cerrar en 8.212,49 puntos, no hay demasiado para celebrar (la mayor parte de la jornada, el indicador perdía más del 1% y a mediodía el S&P500 alcanzó a retroceder el 3%). Si hemos de vincular la mejora bursátil con algún otro factor, el más relevante puede ser el precio del petróleo, que de caer un 11% en lo peor de la jornada quedó un 5% abajo, en u$s 35,36 por barril. Esta recuperación impulsó a las empresas energéticas, que terminaron el día avanzando el 1%. En un sentido contrario, lo peor le tocó una vez más al sector financiero, que retrocedió 4,6%, castigado por el desplome del Citigroup (fuertes rumores de que el Gobierno podría "nacionalizarlo provisoriamente"), el Bank of America (necesita imperiosamente una inyección estatal de fondos para pagar la compra de Merrill Lynch) y el JP Morgan Chase (sus resultados contables fueron peores que lo esperado). Pero no fue sólo el juego entre estos factores lo que determinó el resultado final, sino también el vencimiento de opciones que se opera hoy y que dio lugar a que muchos adelantaran el cierre de sus posiciones. Es cierto que la deflación (atención que es deflación, no inflación) mayorista del último mes no fue tan mala como se esperaba, pero noticias positivas, la verdad es que no tuvimos ninguna relevante.
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