Rodolfo Gabrielli, ex gobernador de Mendoza, toma hoy, luego de una postergación de 3 meses, el control total de la aviación civil. No está previsto acto de asunción -la derrota electoral parece limitar la exposición pública de Cristina de Kirchner-. Habrá sólo un anuncio de la Presidente y el trámite de firma de un acta en oficinas de la Escribanía General del Gobierno Nacional entre el designado Gabrielli y el brigadier Marcelo Ayerdi, quien transfiere así las responsabilidades, el control y la administración de la actividad aeronáutica que estaba en manos de la Fuerza Aérea Argentina.
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La Presidente había previsto pasar el manejo y fiscalización del negocio aerocomercial al administrador Gabrielli el 1 de abril pasado según lo establecido en el Decreto Nº 92/2008 y en las metas trazadas en el Decreto Nº 1770/2007 referente al Programa General de Transferencia. Pero una serie de obstáculos políticos entre ellos: la campaña electoral, el resultado negativo de una inspección que hizo al país la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos, la presión de los gremios aeronáuticos por mejores salarios y posición laboral y la falta de definición presupuestaria para el nuevo organismo retrasaron la iniciativa. Sí se resolvió a tiempo el salario del administrador fijado en 16.678 pesos a ser imputado en el Programa de Transporte, Actividad 02, según el Decreto Nº 60/2009.
La decisión de crear la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) fue tomada durante la gestión de Néstor Kirchner en 2007 para que se hiciera cargo, desde la Secretaría de Transporte (Ricardo Jaime), de todo el espectro vinculado con la aviación civil. No estuvo exenta de la iracundia característica de aquel Kirchner que resolvía los temas militares con el tinte de un castigo.
La infraestructura aeroportuaria está integrada por unos 400 aeropuertos o aeródromos en todo el país, la mayoría -entre ellos los 35 que reciben a los vuelos regulares- están bajo gestión privada. Aeropuertos Argentina 2000 (Eduardo Eurnekian) es quien tiene el mayor número de concesiones. Justamente de la habilitación de aeropuertos y de licencias; de la homologación de aeronaves; de la licitación de nuevas rutas y de la capacitación del personal, entre otros temas, es que se hará cargo Gabrielli, un poder que exige no tener las manos atadas. También de esas actividades, mediante el cobro de las llamadas tasas aeronáuticas, surge el grueso del presupuesto para la ANAC, unos 180 millones de pesos.
Por eso aún duerme en Presidencia el decreto definitivo que otorga libertad de acción para el administrador, cercana a la autarquía. No todos en el núcleo duro del kirchnerismo estaban de acuerdo con ceder al mendocino semejante discrecionalidad para el manejo de fondos.
Hasta hoy -y desde 1944- era el Comando de Regiones Aéreas (CRA) de la Fuerza Aérea el máximo responsable de la seguridad de los vuelos y el que habilitaba a los pilotos y a las aeronaves comerciales, entre otras funciones. Su planta de personal está formada por más de 5.500 empleados, el 70% de los cuales son militares que pasarán a ser empleados civiles del Estado. Tendrán un período de un año «en comisión» y el sueldo correrá por cuenta del Ministerio de Defensa (Fuerza Aérea), a su término deberán optar entre adherir al nuevo escalafón -aún en proceso de estudio- o retornar a la filas castrenses.
El brigadier Ayerdi, titular del CRA, continuará en funciones como coordinador general de la transferencia, definición elegante para quien pagará todas las facturas políticas en resguardo del designado Gabrielli. Es el caso -entre otros más sensibles- del cobro de una deuda judicial de más de 46 millones de dólares a Aerolíneas Argentinas.
Ayer, el flamante administrador comenzó la ronda de reuniones con los gremios, el más poderoso -no por cantidad de afiliados sino porque puede paralizar la actividad aérea- es la Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo (ACTA) liderada por César Salas. El Gobierno sufrió el «trabajo a reglamento» de los controladores cuando espaciaban los vuelos comerciales en protesta por la obsolescencia de los radares. La proximidad del receso invernal -ampliado por la gripe- aconseja buscar calmar a ese sector. Lo último que desearía Gabrielli es un conflicto en medio del malhumor del Gobierno por el resultado de la elección. Desde este sector ya se escucharon los primeros reclamos. Impulsan la profesionalización del trabajador aeronáutico y de quienes ocupen la estructura directiva de la ANAC, ayer objetaron que las primeras designaciones de Gabrielli en cargos ejecutivos fueran resueltas sin concurso profesional, sólo por currículum político.
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