7 de mayo 2018 - 23:13

¿Sin techo para la inflación, pero sí para la tasa larga?

¿La Fed tolerará que los precios viajen a una velocidad crucero más alta sin estallar en cólera?

¿Sin techo para la inflación, pero sí para la tasa larga?
La Fed no tiene un techo para la inflación de los EE.UU. Lo recordó en un comunicado el miércoles tras finalizar su última reunión. Lo que sí tiene como obligación es una meta simétrica de 2% anual (que por cierto no es lo mismo). ¿Cambio de postura en una instancia clave, cuando -oh, casualidad- los precios al consumidor golpean la puerta de 2%? No hay mudanza, dice Bill Dudley, el influyente titular de la Fed de Nueva York, cuya muñeca guía el accionar concreto de la mesa de operaciones de la institución. "Lo vengo diciendo desde hace años", apunta. No existe un ecuador taxativo de inflación, el paralelo de 2% no es una frontera rígida que la Fed impida franquear. La simetría no le puso un "piso" a la inflación cuando hizo campamento semipermanente en la margen inferior de 2% por más de medio lustro. Y de la misma manera permitirá que cruce a la otra orilla si así lo desea. Entonces, ¿la Fed de Jay Powell -tan agresiva en su verba- tolerará que los precios viajen a una velocidad crucero más alta sin estallar en cólera? Dudley nos dice que sí, pero ya avisó que se jubila. Que conteste John Williams, quien lo reemplazará en Nueva York (así como cubrió la vacante de Janet Yellen en San Francisco cuando ella se tomó el timón). Y la respuesta es aún mejor porque Williams avizora una inflación que sobrepasará "modestamente" la meta y a la par declara que el "overshooting por un tiempo" le resultará "comfortable".

¿Se retira lo dicho? ¿La Fed baja un cambio? ¿O baja, al menos, una de las cuatro subas de tasas de interés que como hipótesis de trabajo el propio Powell puso sobre la mesa para 2018? De vuelta, el banco central no se movió un ápice de su posición. No es más blanda por recordar cuáles son las reglas del juego (que los mercados conocen, pero aun así, les gratifica oír de nuevo). Escuchemos a Raphael Bostic, quien comanda la Fed de Atlanta: "Yo estoy firmemente en el bando de los que van por tres subas más". Comenzó el año creyendo que sería demasiado, pero la economía le inyectó confianza. El viernes desfiló un coro de voces oficiales -Williams, Kaplan, Dudley, Quarles amén de Bostic- y la dureza del mensaje se mantuvo pétrea. Esperan -quizás como Becket a Godot- que la presión salarial irrumpa en el salón. De ahí, la lengua filosa. Como anécdota, vale citar a Randall Quarles, quien está al frente de la supervisión bancaria designado por el presidente Trump: "No esperen que la Fed corra en auxilio de la Bolsa".

La inflación no tiene techo. Y las tasas cortas, al menos este año, tampoco. ¿Y lo tendrá entonces la tasa larga? ¿En el nivel de 3% en el bono a diez años? ¿A pesar de las goteras que son evidentes porque las perforaciones no se suceden sin que la prensa tome nota? Bill Gross, el veterano gurú de la renta fija, fue el primero en declarar el comienzo de un mercado bear ("bajista") de los bonos (o, lo que es lo mismo, alcista en materia de tasas de largo plazo). Lo señaló en enero (y un año antes también, era una idea fija). Quien administró fortunas en Pimco -y hoy una cifra modesta en los fondos Janus- piensa que la tasa de diez años tiene tope en 3% y piso en 2,80%, que se moverá atrapada en dicho rango por un buen tiempo. No prevé, por cierto, el pronto final de un mercado bear exprés, ni la vuelta del frenesí por los bonos, sino una extensa hibernación bajo el imperio "benigno" de los osos. Dios lo oiga, pensarán los mercados emergentes. Pero ¿cómo no va escuchar la potente prédica de la Fed? Aquí yace la divisoria de aguas. Bill Gross, y muchos otros, no creen que el banco central pueda ejecutar lo que promete. Alcanza con mirar la curva de rendimientos. La brecha que separa los rindes de diez años de los de dos años se clavó en los 46 puntos base. Sumar tres aumentos de tasa añadiría 75 puntos a la tasa corta, y si Gross tiene razón, invertiría la relación. Una curva invertida -con tasas cortas más elevadas que las largas- es el mejor predictor de una recesión. ¿Querrá la Fed llegar a tanto? Tomó una década recuperarnos -psíquicamente- de la última. Con una incipiente inflación de costos made by Trump, la Fed está en un brete. Pero el dólar fuerte le da una mano. Y se enfrió el fervor por los activos (y también el crecimiento global sincronizado). Esta semana, sin ir más lejos, el oro tiró la toalla. Faltaría la Bolsa que estoica resiste al canto del "sell in May".

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