Mientras el Gobierno intenta reflotar -por ahora, sin éxito- el diálogo con la CGT, los gremios industriales, el sector más golpeado por la oleada de despidos y la apertura de las importaciones, se reunirán hoy para definir medidas de fuerza, un anticipo del endurecimiento de la central obrera respecto de la administración de Mauricio Macri. Sindicatos de metalúrgicos (UOM), calzado, cueros, textiles y gráficos, entre otros, tienen resuelto movilizarse durante febrero y, de ser posible, empujar al resto de los gremios a un plan de lucha integral.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El encuentro se hará desde las 16 en Azopardo. Los disparadores del malestar fueron la crisis en el sector de ensamblado de computadoras (y el anunciado cierre de una planta de Banghó) y la clausura intempestiva de producción de la imprenta AGR, del grupo Clarín. También agitó las aguas la respuesta del Gobierno de derivar a los cesantes a su Plan de Transformación Productiva, que prevé subsidios para la reconversión de actividades impactadas por las importaciones, pero también para engrosar indemnizaciones.
"Hay una política de desaparecer la industria y derivarla a un programa que es como un Plan Trabajar, un engaño", se quejó anoche Francisco Gutiérrez, secretario de Interior de CGT y dirigente de UOM. Avisó que "de mínima habrá una marcha" de sindicatos ligados a la industria "en defensa de la producción nacional y de los puestos de trabajo, y para exigir un freno a los despidos y a las importaciones".
Gutiérrez, que integra el espacio más confrontativo de la CGT junto con la Corriente Federal a la que reportan los bancarios, gráficos, molineros, pilotos aeronáuticos, trabajadores del cuero y empleados de televisión, entre otros, añadió que los gremios industriales le reclamarán a la central obrera "la adopción de medidas de acción directa".
Al sector de la Corriente Federal el Gobierno le asigna el quiebre en el diálogo con el sindicalismo peronista. Cerca del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, admitieron que ayer se frustró un encuentro para hoy con el triunvirato, que integran Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña. Con esa cúpula y la mesa chica de la CGT, Triaca y el vicejefe de Gabinete Mario Quintana esperaban avanzar en la discusión de un paquete de reformas laborales. El equipo de Macri aguardaba un guiño de la central sindical para impulsar ese combo por decreto de necesidad y urgencia, una alternativa que parece ahora más lejana que nunca por el agravamiento en la relación.
En Trabajo identifican tres vertientes en la actual composición de la central: una "CGT Massa" alineada con el Frente Renovador, con Daer y Luis Barrionuevo como referentes, resuelta según los funcionarios a hostigar al Gobierno para obtener beneficios sectoriales; una línea asociada al kirchnerismo, en la que ubican a Sergio Palazzo (Bancaria) y a Gutiérrez, de la UOM, con la que imaginan imposible una conciliación, y una porción minoritaria que visualizan la más permeable a negociar y a reacomodar los convenios colectivos de trabajo a gusto de la actual gestión, con el petrolero patagónico Guillermo Pereyra (tras el acuerdo por Vaca Muerta) como estandarte.
La dinámica entre esos sectores -más compleja y heterogénea que el esquema trazado por los funcionarios- quedará plasmada este jueves en una reunión del Consejo Directivo de la CGT. Se trata del máximo órgano resolutivo, con capacidad de impulsar medidas de acción directa. Para esa instancia son cada vez más los dirigentes los que alientan la definición de un plan de lucha para obligar al Gobierno a dar marcha atrás con medidas como la inminente eliminación de los aranceles a la importación de computadoras.
Dejá tu comentario