8 de mayo 2015 - 00:00

Sistema político ante un urgente aggiornamento

 Londres - Los analistas de Reino Unido acuñan desde hace días dramáticas expresiones para describir a lo que se enfrenta el país: hablan de que está en juego el "futuro de la nación" o de la encrucijada en la que se encuentra, como consecuencia de las elecciones parlamentarias que se celebraron ayer.

De quien sea elegido primer ministro y ocupe el número 10 de Downing Street en el corazón de Westminster dependerán numerosas decisiones políticas de gran importancia.

Sea quien fuere, tendrá que emprender reformas, empezando por el propio edificio del Parlamento de Westminster, donde se filtra el agua de la lluvia por el tejado y cuyos muros el Támesis desgasta a su paso.

El orden constitucional se vio recientemente golpeado por el avance del movimiento independentista en Escocia y las continuadas tendencias separatistas. El Partido Nacionalista Escocés (SNP) obtenía anoche un resultado histórico con más 50 escaños.

Durante décadas, los Gobiernos de Westminster otorgaron influencia y competencias a Irlanda del Norte, Escocia y Gales para aplacar las corrientes independentistas.

Sin embargo, el referendo celebrado en septiembre pasado en Escocia demostró que ya no basta con poner parches: el exministro de Relaciones Exteriores británico, William Hague, debía haber diseñado un plan federalista inteligente para el país, pero fracasó.

También el sistema electoral está a prueba: el sistema de mayorías, diseñado en la época victoriana como un sistema de dos partidos -uno en el Gobierno, otro en la oposición- está obsoleto. Y también así está diseñado el Parlamento.

Pero desde tiempos victorianos la sociedad británica se hizo más plural y la vida más complicada. En el espectro político de Reino Unido se reforzaron los poderes marginales. A nivel regional, como en Escocia. Pero también a nivel interno: el populista de derecha UKIP, de Nigel Farage, es la prueba, con una proyección de votos superior al 10%.

Sin embargo, el sistema electoral británico, en su concepción actual, haría que el UKIP obtuviera como mucho un puñado de diputados mientras el SNP, con un estimado 5%, lograría hasta 58.

Los comicios desataron también un debate sobre la cultura política en el país: ¿sería legítimo un Gobierno encabezado por el candidato cuya fracción no fuera la más votada? Los conservadores lo niegan.

Al contrario, los politólogos critican que últimamente en el Parlamento sólo cuenta la matemática. "Estos comicios fueron extraordinarios, en estas elecciones no se trató de la tradición", señaló Robert Worcester del King`s College de Londres.

Además, un Gobierno minoritario no tiene por qué ser inestable, inefectivo o sujeto a presiones, argumentó el exdiputado laborista y politólogo David Marquand.

Y aunque la falta de mayorías suele ser la excepción más que la norma, Reino Unido no sólo superó, sino que llevó bien los períodos legislativos en los que se dio, escribió en el diario The Guardian.

Por ejemplo, los Gobiernos del liberal Herbert Henry Asquith en 1910 y 1915 están "entre los más enérgicos y creativos de la historia británica", señaló Marquand.

Limitaron el poder de los lords en el Parlamento y llevaron al país unido a la Primera Guerra Mundial. Y todo ello aunque dependían de un partido irlandés que en esos días podía compararse bien al actual SNP.

Agencia DPA

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