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Sobornos: vuelve juicio y mueve el arrepentido
Fernando de la Rúa
Finalizado el primer tramo de alegatos, Alberto Flamarique y el exsenador Ricardo Branda fueron los ganadores en el sentido de que ninguna de las partes acusadoras pidieron una pena contra ellos.
La situación de los defensores de Pontaquarto (encabezados por Hugo Wortman Jofré) es complicada por lo endeble del testimonio de su representado que tiene 15 versiones distintas y que no ha encontrado sustento alguno a lo largo del desfile de testigos durante el debate.
Estos letrados estarán ante dos caminos sin retorno: avalar las palabras de Pontaquarto y blindarlo ante el tribunal o esgrimir un argumento que no tenga el foco en la conducta del arrepentido.
La situación, tal como ya lo advirtieron los jueces Guillermo Gordo, Gerardo Larrambebere y Miguel Pons, es cuanto menos peculiar: muy rara vez se ha visto que uno de los imputados en un proceso sea a la vez el principal impulsor de él. Una incógnita que cuando se planteó en el juicio estos letrados optaron por guardar silencio.
Pontaquarto prácticamente no ha aparecido por la sala del juicio, pero cuando lo hace, mantiene una conducta cordial y a su vez dicharachera con el resto de los imputados, especialmente los exsenadores, con quienes comparte susurros y caramelos durante las audiencias.
Es distinto con Fernando de la Rúa, a quien busca eludir en todo momento.
El expresidente, hasta el momento, nunca le ha dirigido la palabra y cuando se cruzan no se miran a los ojos.
El alegato de la fiscal Namer, el último acontecimiento que ofreció el juicio, generó dudas tanto entre los abogados defensores como en los jueces.
La fiscal dedicó horas a expresarse sobre los manejos económicos de la SIDE (desde donde, según dijo Pontaquarto, provenían los fondos para el pago de los presuntos sobornos para la aprobación de la reforma laboral). Orientó su alegato a la gestión administrativa del organismo y fue particularmente áspera con el exjefe de la SIDE Fernando de Santibañes, pero en el momento de las penas, en el cierre de su intervención, omitió hablar de peculado, o sea, del manejo irregular de los fondos públicos.
Namer, que a lo largo del proceso protagonizó múltiples cruces con los jueces del tribunal, no se alejó demasiado de la línea de la querella ejecutada por la OA, pero hizo especial hincapié en los supuestos indicios que habrían existido antes de la aparición de Pontaquarto, especialmente aquellos surgidos de publicaciones periodísticas.


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