2 de septiembre 2009 - 00:00

¿Sobreactúa el PT el negocio que tiene entre manos?

Los críticos del plan petrolero de Luiz Inácio Lula da Silva afirman que las reservas de la zona Pré-sal no resultan fácilmente extraíbles.
Los críticos del plan petrolero de Luiz Inácio Lula da Silva afirman que las reservas de la zona Pré-sal no resultan fácilmente extraíbles.
 El modelo de explotación de la cuenca Pré-sal anunciado por el Gobierno brasileño tiene, para muchos, proyecciones pantagruélicas.

Cuatro fueron los proyectos presentados por el presidente brasileño y refrendados desde el estrado por su posible sucesora presidencial, la ministra jefe de la Casa Civil, Dilma Rousseff: la creación de una nueva petrolera estatal -Petrosal, que gerenciará la explotación de los nuevos yacimientos-; la capitalización de Petrobras en hasta u$s 50.000 millones; el cambio de sistema de licitaciones abiertas hacia uno de producción compartida con la estatal Petrobras y la creación de un Fondo Social para educación y pobreza con las ganancias futuras del petróleo.

La grandilocuencia del anuncio va en sintonía, claro, no sólo con la exageración inherente al espíritu brasileño («o mais grande do mundo»), sino también con la enormidad del yacimiento del Pré-sal descubierto en 2007, cuya área se extiende a lo largo de 800 km y en un ancho de 200 km bajo el océano Atlántico.

Como si lo hubieran extrapolado de un cuento de Julio Verne, ese petróleo del Pré-sal, si bien liviano, se encuentra en la ruta al centro de la Tierra: a 6.000 metros de profundidad. De allí que, por más que se hable de reservas de 60.000 millones de barriles (hoy las reservas probadas de Brasil son de 14.400 millones), las dificultades para explotar ese petróleo y ese gas a tanta profundidad, además de su financiación, se sumaron a la incertidumbre que acarrearon las visibles dudas del Gobierno de Lula para encarar la nueva etapa petrolera.

«Las idas y venidas de Lula con el destino y la distribución de las regalías futuras o el tratamiento con carácter de urgente o no en el Congreso tuvieron motivos políticos antes que técnicos», señala desde Río de Janeiro Luis Panelli, analista en energía y petróleo.

Es que horas antes del lanzamiento del modelo petrolero, los gobernadores de los estados de Río de Janeiro, San Pablo y Espíritu Santo (frente a los tres se extiende el Pré-sal) se opusieron a que las regalías (del 10%) pasasen a la bolsa global de la «Unión» y no a cada una de las cuentas estaduales.

Desde una óptica electoral y de cara a las presidenciales de octubre de 2010, esa rebeldía encabezada por tres gobernadores del centrista PMDB (en alianza hoy con el PT de Lula) podría llegar a contagiarse a otros dos estados (ubicados frente al Pré-sal): Santa Catarina y Paraná. Traducido a votos: al 40% del electorado. Consecuencia: con encuestas preelectorales en baja, Lula dio marcha atrás.

Hubo errores de cálculo, también. «A Lula le vendieron que el Pré-sal era un billete de lotería premiado, pero Petrobras ya encontró tres pozos secos; y British Gas y Exxon, un pozo seco cada uno», dice el experto Panelli a Ámbito Financiero.

Esos fracasos, desde ya, redujeron expectativas comerciales y margen de maniobra política. En Río de Janeiro -donde tienen sus sedes centrales Petrobras y la Agencia Nacional de Petróleo (ANP)-, además corren otras versiones. «Lula nunca leyó los papeles del Pré-sal que firmó: como lo aburren los informes extensos, confió en las explicaciones de sus asesores», comentan.

Panelli, en cambio, ve a Guillermo Estrella, director de Exploración y Explotación de Petrobras, como el artífice del nuevo modelo para el Pré-sal y la creación de Petrosal. «Es un ingeniero brillante, pero de origen gremial y un verdadero cuadro del PT, que sólo cree en políticas estatizadoras», explica.

Por eso, con el modelo presentado por Lula el 31 de agosto, el Estado quiere recomprar acciones -hoy tiene el 32% de la compañía-, ser el principal socio explorador, con el 30% de la propiedad de esos campos. «Es absurdo; se necesitan entre u$s 400.000 y 600.000 millones para exploración -dice Panelli- y capital extranjero, que difícilmente llegue a un país que cambia las reglas de juego hacia estatizaciones».

Petrobras, a su vez, ya es un vehículo estatizador en otras áreas. Como la de las resinas derivadas del petróleo, donde el Estado, como accionista de la petroquímica Braskem (2.800 empleados, la mayor de Sudamérica, controlada por Odebrecht), estaría por comprar a Quattor.

Conformaría una bestia petroquímica, en la que Petrobras ya es dueña del 30% en una y del 40% en la otra. Con fachada de compañía privada, sin embargo, los inversores detrás de la operación son el estatal BNDES y los fondos de pensión estatales.

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