Sobreviviendo al Mundial

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Argentina logró su pase a octavos de final luego de un final de película. Los clubes del conurbano que forman parte de todas las divisiones del fútbol hacen lo posible por pasar el receso. Cómo es el operativo supervivencia.

Debe haber pocas cosas más tristes que una cancha sin fútbol. Y encima, en la televisión, todo gira alrededor de la pelota. Pero Rusia está lejos. A más de 10 mil kilómetros. O a casi un millón de años luz si se tiene en cuenta la alegría que dispara el hecho de haber podido sacar la sortija en la primera ronda y volver a soñar con dar otra vuelta. Como en el 78. Como en el 86. Pero hay silencios que truenan. Y aquella imagen, la del vacío, demuele. Duele. Como esos teléfonos que suenan en habitaciones vacías. Que nadie escucha. Como el grito afónico de la hinchada invisible. Atragantado. Entre guantes de frío que reemplazan a los de arquero. Porque atajar en invierno es una cuestión de héroes. De esos que viven más. Porque el invierno llegó, las redes no se llenan de gol y lo que cuesta ya no es cómo llegar a la punta sino mantenerse. Sobrevivir.

Así lo viven los clubes. Los de abajo, los de arriba y los del medio. Todos por igual. Sin importar los colores, los barrios o los últimos resultados obtenidos antes de que el balón dejó de rodar ante el parate más largo que el calendario futbolístico local conlleva: el Mundial o cómo subsistir durante el receso.

La respuesta de las instituciones deportivas que integran las diferentes divisiones del fútbol argentino, no difiere. En algunos casos hay un plan y en otros no. Pero todos pasan por la misma situación. Los 43 clubes del Conurbano que tienen participación en los torneos de Primera División, Nacional B, Primera B Metro, Primera C y Primera D, lo sienten. "Se pone en marcha un operativo de supervivencia", asegura Claudio Hereñú, protesorero de Ituzaingó, el club del oeste que milita en la cuarta categoría del fútbol local. "En estos meses de parate, tratamos de generar ingresos adicionales. Desde bingos en el club hasta una rifa para el día de la primavera, una matiné para el día del amigo o una colonia de invierno para que los chicos puedan quedarse y generar un adicional económico para el club. Apelamos a la familia. A lo social", completa.

La institución, que cuenta con 106 años de vida, es una referencia deportiva en la zona. Y pese a que tiene 800 socios que pagan una cuota de 200 pesos (160 los menores), los números en esta época se complican. Se ponen en rojo. Como el pibe que el martes la agarró de aire y la clavó de derecha en la cueva izquierda del arquero nigeriano en el parido sobre la hora que colocó a Argentina en los octavos de final del Mundial. "La parte futbolística está solventada por publicidad. Pero todas las empresas o negocios que nos dan una mano están más complicados y por ahí no se pueden actualizar los valores. Tratamos de generar importes que sean pagables. Pero lo que nos interesa es poder sumar: nos adaptamos a lo que sea. Por seis meses, por un año".

La suba en las tarifas no es ajena a los clubes. Y pese a que todas las entidades sociales cuentan con un subsidio, a algunos se les dificulta más que a otros. Ituzaingó pasó de pagar 4 mil pesos de agua al mes a 17 mil. "Acá los jugadores cobran los doce meses del año. Jueguen o no jueguen. Están al día, algo que no todos pueden decir". Y para dejar en claro que no tiene que ver con algún tinte político, Hereñú asegura que "el club no es de ningún partido. Somos una comisión directiva abierta. Si vienen de Cambiemos o del Frente Para la Victoria nosotros estamos abiertos al diálogo con la firme intención de poder crecer".

Para las entidades deportivas más grandes, la historia no cambia. "El club sigue su marcha habitual en relación a lo institucional. En lo económico, lo contemplamos. Hay un caudal que deja el parate que tiene que ver con no tener la plata de las recaudaciones y tampoco de parte de la cuota social porque la gente se relaja, se atrasa un mes y luego se pone al día en agosto cuando vuelve el fútbol", cuenta Christian Devia, secretario general de Racing.

El club de Avellaneda tiene 70 mil socios y aspira a llegar a 100 mil en tres años, pero hace unos meses puso en marcha una campaña de nuevos socios con el fin de menguar la carencia de ingresos que, sabían, se generaría durante el receso por el Mundial. "Tenemos una estabilidad que nos permite no vivir del día a día. Estos bajones, un año luego de asumir (en el 2013), los sentíamos y teníamos que ir a buscar financiamiento por fuera o terminábamos pagando el aguinaldo en cuotas. Pero hoy, con estabilidad económica, con el presupuesto que armamos cada año, contemplamos que va a haber una caída en los ingresos. Y eso que es multiplicador. Porque es algo que lo percibimos en "Locademia" (tienda oficial del club) y en los sponsors. Pero eso algo que vemos de antemano y tratamos de no comprometernos financieramente durante este periodo. Y eso que esta caída es más profunda que la que vivimos en el mundial anterior. Pero no tenemos un horizonte de dos meses. Trabajamos por año", refuerza.

Si hay algo que no le falta a Central Ballester en sus 43 años de historia, son ideas. El club de José Léon Suárez que forma parte de la Primera D, recurrió a diferentes iniciativas durante los últimos años con tal de conseguir algunos nuevos adeptos y, así, poder redirigir el sueño de contar con un estadio propio luego de 22 años. En 2013, El Canalla salió a competir con una camiseta que tenía el busto de José de San Martín en honor al municipio del oeste de donde es nativo. En otra oportunidad, le agregaron el logo de las Madres de Plaza de Mayo y hace poco, al cumplirse los 60 años de los fusilamientos de José León Suárez, utilizaron una casaca en su memoria que despertó una ola de pedidos de todo el país. Pero no termina ahí. El año pasado Central Ballester se postuló para recibir en sus filas a aquellos refugiados sirios que ingresaban al país. No tuvieron respuesta, pero el pedido volvió a ponerlos en los medios.

Sin embargo, la realidad es una. "Cuando no hay partidos, no se mueve un peso", dice Ezequiel Rodríguez, exdirectivo y encargado de prensa del club. "Soy una rueda de auxilio. Así como alguna vez intervine a la hora de comprar un jugador o elegir un técnico también corté el pasto del nuevo estadio". El mismo tendrá lugar en el límite entre San Martín y San Isidro y terminará con años de gira por diferentes canchas. "Teníamos una sede social, pero la misma dirigencia que perdió extrañamente el estadio también perdió la sede. Aparentemente todo fue loteado y vendido de manera ilegal". Es por eso que el problema que tiene Central Ballester para con sus socios es que no tiene nada a cambio para ofrecerles. "Sólo tenemos un sentido de pertenencia abstracto, pero muy grande, que cada vez se hace más fuerte".

De las 1500 personas que suele llevar cada que juega de local, en alguno de los 22 estadios que utilizó en la misma cantidad de años, sólo el 10 por ciento es socio. "El hecho de tener nuestra cancha nos va a traer beneficios por dejar de alquilar para que jueguen juveniles y mayores, pero vamos a empezar a pagar servicios que hoy no hacemos. Los 20 mil pesos en promedio que pagamos en alquiler se van a ir en servicios. Y a eso le tenemos que sumar el operativo policial. La convocatoria no da rédito, pero la necesitamos para a través de esa recaudación disminuir la colaboración que hacemos muchos desde adentro y de los hinchas".

Platense tiene una particularidad. El club de Vicente López viene de ganar el campeonato de Primera B y, por ende, conseguir el ascenso a la segunda división del fútbol argentino. Pero la alegría conlleva sus gastos. De esos que en receso pegan más duro. "Tenemos fuentes de ingreso fija porque la AFA sigue pagando la televisión. Hay ingresos por cuota social. Pero hay otros ingresos que no entran y se hace más difícil y hay que trabajar para cubrirlos", asegura Fernando Wendt, presidente de la institución.

Platense tiene 3 mil socios y muchos deportes que se sostienen solos. Ingresos fijos. Que, luego del bache, futbolístico, se acomodan. En ese sentido es necesario la articulación con el intendente local, Jorge Macri. "Tenemos una relación excelente. Formamos parte del partido y ellos nos ayudan de múltiples formas. Desde subsidios para entidades deportivas por tarifas y también acercándonos a la cámara de industria del partido y a los comerciantes y pudiendo establecer vínculos q nos permiten conseguir publicidades de empresas que tenemos por pertenecer a Vicente López. Nos facilitan la tarea. Y nosotros hicimos convenios para que empleadas de las municipalidad puedan tener un arancel especial".

Wendt también plantea que "ascender nos convenía en relación a lo deportivo e institucional. No tanto por lo económico. Hay que trabajar más para mejorar contratos con sponsors y generar nuevos ingresos para el presupuesto que se requiere por el cambio de categoría. Queremos que la infraestructura del club acompañe el ingreso. Hay que ponerse creativos para conseguir que entre plata".

El Mundial significó un parate importante en lo que refiere a las finanzas de los clubes. Todas las entidades deportivas con equipos en primera división deben esperar que termine este receso para poder volver a la normalidad económica.

Ninguna institución está exenta por más que el sueño de ser campeones del mundo esté flotando en el deseo de todos los que forman parte de la actividad cotidiana de sostener la pasión única que provoca ser parte del club de los amores.

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