Un rápido chequeo, entre veteranos inversores y varios profesionales, iba en la misma dirección: cuesta creer que Buenos Aires, solitaria, acusara en saldo positivo en el trayecto semanal, cuando en la generalidad mundial los resultados quedaban contrarios.
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Milagros de un recinto, aislándose oportunamente, o bien una «mano invisible» -oficial- que decidió darles el debido marco a los anuncios presidenciales sobre una especie de «megaplán», tan frágil en sus lineamientos, como dudoso en sus efectos. El día de los anuncios, se percibieron aplausos con las manos, pero interrogantes en las caras de los asistentes. Y las cifras que se anunciaron para ciertos sectores distaron de lo que pueda pensarse como alguna «solución» para atravesar la crisis.
Frente a ello, de inmediato el mercado bursátil proporcionó «respaldo» importándole muy poco lo que sucediera afuera.
Y esto fue lo que hizo menos creíble la actitud espontánea del repunte, a lo que se sumó un declinar en los negocios accionarios que no daban para pensar en incrementos entusiastas de demanda. ndices en alza, con volumen en baja, no resulta una buena figura clásica: y esto es lo que vio en la semana local.
En definitiva, el viernes se pudo recobrar la frontera de los 1.000 puntos -cerrando en 1.005- y esto fue el mejor logro estadístico. Pero, con sólo $ 46 millones de negocios en acciones. Ocasión final donde resucitó por enésima vez el Dow Jones, con 3,09% a la hora de cierre en Buenos Aires, aunque inserto en los cambios súbitos.
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