6 de septiembre 2010 - 00:00

Sube Wall St. (pero sigue saga de la recuperación)

José Siaba Serrate (Economista)
José Siaba Serrate (Economista)
La economía de los EE.UU., ¿avanza o retrocede? La pérdida de impulso no se discute. Y ya no asusta a nadie (salvo a los demócratas en campaña): se asumió que esta recuperación no se escribe con ve corta. Pero yendo más allá, ¿comenzó una doble recesión? Tampoco. ¿Qué hay de la caída del empleo privado que detectó el reporte ADP? Ni rastros en el informe oficial de agosto. No hay tal poda de 10 mil puestos netos de trabajo, como sugirió ADP, sino un aumento de 67 mil. Se sabe, las cifras están sujetas a revisión. Sin embargo, la última corrección sumó otros 66 mil empleos a la cuenta de los creados en junio y julio. No será un veredicto sólido ni definitivo, pero la recuperación goza del beneficio de la duda. La Bolsa se lo concedió con una suba semanal que desbordó el 5%.

La predisposición a la toma de riesgos, a decir verdad, resucitó en todos los mercados de capitales. ¿Se alejó el peligro de la segunda recesión? El alivio es innegable. No obstante, el informe de empleo dista de ser concluyente. Sería exagerado catalogarlo de bueno. No condena ni absuelve. No revela una retracción del sector privado, pero el empleo total se redujo por el efecto censo. Un faro de anticipación, los pedidos de subsidios de desempleo, calculados de manera independiente, prendió hace tiempo la luz amarilla. Vale decir, pues, que la saga continúa. Sin una definición rotunda. En muy lento caracol.

El recuento general señala que en julio se perdieron 57 mil empleos netos y otros tantos en agosto. Junio había sido peor, con una erosión de 175 mil. Bajo cualquier óptica, los tres últimos meses fueron paupérrimos. Muy lejos de lo que se esperaba en marzo o abril. Pese a ello, la situación no es tan drástica como los titulares. Los vaivenes del censo poblacional explican (en exceso) el carácter negativo de las cifras. Ocurre que el Gobierno contrató 564 mil personas para su realización. Y desde junio, tras finalizar las tareas de campo, está desarmando esa estructura provisoria. A fin de agosto, sólo 82 mil empleados temporarios seguían en funciones. Pero de manera indirecta, en la comparación con el impacto del censo, queda de manifiesto la escasa relevancia de la creación privada de ocupación. En lo que va de 2010, añadió apenas 763 mil puestos netos. Más de la mitad -399 mil- fue producto del auge efímero de marzo y abril. En una economía que todavía exhibe 7,64 millones empleos menos que cuando comenzó la recesión, en diciembre de 2007, es una contribución módica. Pero aun así es más potente que las últimas dos recuperaciones, tras las recesiones de 1990-91 y 2001, en las que la generación de empleo brilló por su ausencia hasta que la expansión no alcanzó una fase avanzada.

¿Ansiedad excesiva? ¿O un patrón defectuoso? Ambos están presentes. El presidente Obama tiene tantas urgencias electorales como George Bush padre cuando buscaba su reelección en 1992. El mercado laboral -con su increíble demora en acoplarse al repunte de la actividad económica- le birló entonces toda chance de repetir y le abrió las puertas al primer mandato de Bill Clinton. El desasosiego quizás ahora sea mayor porque nunca antes hubo 14,9 millones de desocupados en el Día del Trabajo. Ni se estiró tanto la duración de los episodios de desempleo. Empero, el patrón errático de la recuperación no se puede ocultar. Se suponía que revertir la inercia de la destrucción sistemática de empleo (que consumió todo 2008 y 2009) era la tarea difícil. En ese sentido, el sector privado logró sumar, en marzo y abril, un promedio mensual de 200 mil nuevas posiciones. No obstante, los tres meses posteriores, la dinámica se retrajo. Con las cifras revisadas, el promedio de mayo a julio fue de 73 mil. Agosto se ubica un escalón por debajo: 67 mil. En perspectiva, es un ritmo de creación de empleo del 0,7% al año. ¿Escaso? Sí. ¿Suficiente, considerando los aumentos de productividad de los últimos años, para garantizar el crecimiento del PBI? En principio, también. Pero hay una espina. La productividad se retrajo el 1,8% en el segundo trimestre. No puede darse por sentado que continuará en alza. O, alternativamente, no debería descartarse que para trepar, no fuerce una caída de las horas trabajadas.

Paciencia es lo que sobra en la Reserva Federal y lo que le falta a la política. La Fed preferiría «ver y esperar»; Obama ya vio y sabe que no le alcanza. ¿Tomará la Fed el informe de empleo como una prórroga de sus tiempos? Si calmó la ansiedad de los mercados, ¿no le servirá a la Fed para apaciguar el debate interno? ¿No aprovechará para saltear la próxima reunión y dejar el asunto abierto hasta después de las elecciones de noviembre? Conviene recordar que la economía necesitaría crear 130 mil empleos netos por mes sólo para estabilizar la tasa de paro en sus elevados niveles vigentes (a menos que se acentúe la deserción de la fuerza laboral). Regresar, en un lustro, a la tasa de cuando comenzó la recesión -5%- requeriría añadir 290 mil puestos todos los meses hasta 2015. Esa presión, hay que admitir, es más fuerte sobre Obama que sobre la Fed. De ahí que la Casa Blanca acusara recibo antes que nadie. ¿Se cocina otro paquete fiscal de estímulo? Obama no tiene tanto margen de acción. Pero ya deslizó una gama de medidas en estudio, focalizadas en incentivar el empleo y el acceso al crédito de las pequeñas y medianas empresas. Este miércoles dará precisiones. ¿Con cuánta relevancia prevista? Cercana a cero. Los problemas, a esta altura, todavía son más macro que microeconómicos. Las vicisitudes del empleo afectan a todos los sectores. Y sin el aval del Congreso, cabe vaticinar que a todo empeño le faltará pólvora. ¿Placebo para la opinión pública? En buena medida. No muy distinto de las palabras de Bernanke desde Jackson Hole.