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Subtes: ley para Macri forzada por oposición
Los gremialistas de subterráneos comenzaron ayer a la mañana una protesta en las puertas de la Legislatura para impedir que se aprobara el proyecto de ley de transferencia del transporte pedido por Mauricio Macri.
Un día largo fue ayer para el PRO, que arrancó a la mañana sin posibilidades de iniciar la sesión prevista y con una protesta de gremialistas en las puertas de la Legislatura.
Las negociaciones consumieron una jornada frenética y tensa, en la cual Macri se negaba a aceptar cambios que le requirieron la oposición y también los gremios del sector.
Pero esas cláusulas hacían imposible que el PRO consiguiera los cinco votos que le faltaban para llegar a la mayoría de 31. En principio, pidió a cambio de algunas concesiones un permiso para contraer una nueva deuda por u$s 300 millones para obras.
En el nuevo proyecto para acordar los votos se canjea el aumento que propuso a las naftas por otro, el del Impuesto a los Sellos que le reportará cerca de $ 600 millones (algo más de lo que esperaba con la tasa al combustible): la alícuota general del 0,8% se pasaba al 1%; la correspondiente a operaciones financieras del 1% se elevaba al 1,2% y para las operaciones inmobiliarias -en caída en la Ciudad de Buenos Aires- del 2,5% al 3,6%. A eso se agrega un aumento en patentes para autos de alta gama y el 10% de suba en los peajes de las autopistas urbanas. Sobre el filo del cierre del acuerdo, los rivales del PRO pedían bajar esas alícuotas. Macri fue tajante y pidió frenar más modificaciones.
Quizá lo más amargo de aceptar para el jefe de Gobierno es que, si bien ya se sabía que no prosperaba considerar al servicio de subterráneos «esencial» lo que obligaba a prestarlo igual en días de paro, hasta la tarde se lo pasaba a «trascendental» en sintonía con la OIT, que también obliga a brindarlo mínimamente. Finalmente, quedó como «servicio público» sin ninguna otra obligación. Por eso el PRO intentaba agregar la obligación «por parte de la empresa» de asegurar el 50% de la prestación en casos de paro. El mensaje de Macri seguía como en las últimas horas «sin ley no hay traspaso de subtes» y duro en los principales temas.
La oposición también le recortó los superpoderes que pedía por cinco años y lo bajó a dos años prorrogables a uno más. Eso permite no realizar licitaciones y contratar directamente y hasta podría disponer de aumento de tarifa sin consultar. Esas facultades están contenidas en la declaración del servicio en «emergencia».
Con la propuesta de aumentar las naftas y restringir el derecho de huelga el macrismo no contaba con la adhesión ni de sus propios aliados, para llegar a los 31 votos y en medio de una discusión sobre si no era necesario que se votara la ley con dos tercios del recinto, 40 votos, un imposible para el PRO.
Los sindicalistas también conseguían que se les mantenga la jornada de seis horas laborales por insalubridad y que se remueva la propuesta de blindar la planta de personal por cinco años.
Si la ley resulta aprobada (y promulgada), la negociación será con la concesionaria Metrovías, ya que el «espíritu de la ley» como le llaman los macristas indica que se hará un nuevo contrato provisorio y se desconocerá el que tiene la empresa con el Gobierno nacional y la porteña Subterráneos de Buenos Aires SA. Además, le quitarán los negocios adicionales, como publicidad, comercios o transporte de fibra óptica.
La jornada arrancó complicada por los sindicalistas que fueron en manifestación a protestar contra la ley propuesta por Macri. A pesar de contar con la promesa de cambiar la cláusula que declaraba al servicio esencial y bajar la exigencia de la cantidad de prestación mínima en días de paro. Los metrodelegados volvieron a reunirse con los diputados, ya casi son de la casa.
Además del titular de la Legislatura, Cristian Ritondo, y otros macristas como Enzo Pagani y Martín Ocampo, se concentraron en la discusión los titulares de los bloques, como Julio Raffo (Proyecto Sur), Fernando Sánchez (Carrió) y los kirchneristas Aníbal Ibarra, Juan Cabandié y el sindicalista Alejandro Amor.
Fue un día en el que el Gobierno porteño se instaló en varios centros de monitoreo de las negociaciones: en Bolívar 1, en un hotel céntrico donde el ministro Grindetti brindaba por fin de año y en la propia Legislatura en donde estuvieron funcionarios en el despacho de Ritondo. En esas tenidas participaron el titular de Hacienda; el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta; el titular de Rentas, Carlos Walter; y la vicejefa María Eugenia Vidal.
Fue un tira y afloja en el cual, en definitiva, Macri se vio obligado a ceder puntos que consideraba clave de la ley (como las condiciones a gremialistas), pero ganaba al conseguir los votos para suba de Sellos que le financie el mantenimiento de la tarifa.


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