2 de marzo 2010 - 00:00

Superado por el desastre, Chile pide auxilio al mundo. No cesan saqueos

Un barco arrumbado sobre la superficie dominaba ayer la escena del desastre que padece la localidad de Talcahuano, cuya industria pesquera fue arruinada.
Un barco arrumbado sobre la superficie dominaba ayer la escena del desastre que padece la localidad de Talcahuano, cuya industria pesquera fue arruinada.
Santiago - Desbordado por las circunstancias, Chile solicitó ayer a las Naciones Unidas asistencia concreta para las víctimas del terremoto que el sábado asoló el país y causó la muerte de, al menos, 723 personas. A pesar del estado de excepción y el toque de queda en zonas devastadas que entró a regir también anoche, aún eran frecuentes los saqueos en comercios, casas particulares y departamentos, algunos de ellos de inusitada violencia.

El embajador chileno ante la ONU en Ginebra, Carlos Portales, pidió ayer a representantes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) que envíen equipos para hacer una evaluación de daños, indicó la portavoz de la agencia, Elisabeth Byrs.

«Los equipos de evaluación de daños estaban listos y a la espera; ahora sólo falta que nos den la luz verde y mandaremos expertos que ya se encuentran en la región», explicó la vocera.

En concreto, el diplomático señaló que necesitan puentes móviles, teléfonos satelitales, generadores eléctricos, carpas, hospitales, equipos quirúrgicos y centros de diálisis -un listado que fue anticipado el domingo al Gobierno argentino, como informó este diario- para hacer frente al sismo de 8,8 grados Richter que sacudió el centro y sur de su país.

Desde distintas latitudes del mundo, los gobiernos siguieron ayer prometiendo asistencia y movilizando recursos para Chile, donde el temblor dejó un saldo de al menos dos millones de damnificados, un millón y medio de viviendas destruidas o afectadas y daños aún no cuantificados. Los países de la región, como Bolivia, Perú, Brasil y la Argentina (ver aparte), fueron los que asumieron más compromisos con la asistencia.

Pero casi no hubo excepciones. Irán, Japón y China también ofrecieron su colaboración.

El Gobierno de Michelle Bachelet informó un número provisional de 723 muertos, 19 desaparecidos y una cantidad indeterminada de heridos que colapsaban hospitales a medio derrumbar.

En Concepción, epicentro urbano del sismo que sacudió al país, los asaltos a casas y departamentos continuaron durante el toque de queda nocturno, con enfrentamientos a tiros. «Mi padre se quedó en la casa para defenderla», dijo una mujer.

Paranoia

La ciudad vive una paranoia. Miles de personas intentan retomar su vida y su trabajo, además de comenzar a comprar ordenadamente víveres y combustible, en filas de kilómetros de largo.

Pero también hay revueltas sin control, a sólo cuadras de la sede del Gobierno regional. Las autoridades decretaron una noche más de toque de queda para tratar de evitar actos vandálicos que aumentan la sensación de inseguridad, mientras era posible escuchar tiros que tratan de disuadir a los descontrolados.

Unos 25 tanques de la Infantería de Marina entraron por la céntrica calle Carrera rumbo a la sede del Gobierno regional para imponer el orden. No obstante, a pesar de esta presencia, un supermercado fue incendiado intencionalmente ayer después de que pobladores de la zona intentaran llevarse productos.

La presencia militar es más fuerte en la urbe de Concepción, pero en los pueblos aledaños, ni la ayuda ni las fuerzas del orden habían aparecido todavía (ver aparte). «Necesitamos que nos vengan a ayudar. Hay un grupo de personas con armas que están entrando a las casas y no hay policías acá», afirmó una pobladora de las afueras de Concepción identificada como Priscilla a radio Bío Bío.

Sumado al oscuro panorama, una avioneta que se dirigía a la ciudad de Concepción para verificar el estado de los refugios se estrelló en la localidad de Tomé. Sus seis ocupantes murieron al instante.

A su vez, Constitución, un famosos balneario de la región, era lo más parecido al infierno, con cadáveres apilados en un gimnasio municipal que funcionaba de morgue. Hasta ayer eran 72 los cuerpos sin vida que permanecían allí sin refrigeración y el olor comenzaba a ser insoportable, relataron testigos.

Los policías afirmaron a los medios que «los desaparecidos son entre 200 y 500» porque sólo en el sector llamado La Isla se ignora el paradero de cien personas, principalmente jóvenes. «La Isla fue borrada», afirmaron los policías mientras escribían en una pizarra de acrílico, en el frente del gimnasio, los nombres de los muertos ya identificados.

En tanto, en el pueblo costero de Dichato, la situación era caótica. Los escombros que dejaron las enormes olas posteriores al terremoto cubren cada centímetro del suelo. El mar sacó de cuajo las casas, mientras que las personas se refugiaron en los cerros asustadas por las constantes réplicas y los robos.

«Llegaron delincuentes a saquear desde otros pueblos», agregó un vecino, que luego volvió a caer en un silencio profundo, con la vista perdida en los tres kilómetros de tierra ahogada por el mar.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

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