2 de abril 2012 - 00:00

Tamaño siempre importa (en la crisis europea)

José Siaba Serrate  - Economista
José Siaba Serrate - Economista
Europa alumbró, por fin, su versión de la «gran bazuka» que todo el mundo se cansó de pedirle. Desde Tim Geithner -el secretario del Tesoro de los EE.UU., un pionero de la prédica- hasta la OCDE en su último informe. Cuanto mayor su tamaño, menores las probabilidades de tener que utilizarlo, resumió el primer ministro italiano, Mario Monti, una semana antes aplicando así la lógica que Geithner, el año pasado, propaló a los cuatro vientos sin hallar respuesta.

¿De qué calibre, pues, es el cañón que sancionó la Cumbre de Copenhague? No es la variante nuclear que preconizaba Geithner. No impone, desde ya, una supremacía abrumadora vis à vis los problemas potenciales en danza. El comunicado del eurogrupo, sin embargo, enfatiza su poderío. Allí se explica que la bazuka será, en realidad, un arma de doble caño. A partir de julio, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) tomará a su cargo la financiación de las nuevas iniciativas de asistencia. Pero el fondo de rescate actual -la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF)- permanecerá vigente administrando los programas ya iniciados. Así combinada, la capacidad prestable MEDE-FEEF tendrá un tope máximo de 700 mil millones de euros frente a los 500 mil millones de su anterior límite. Añade el comunicado -transitando los bordes de la publicidad engañosa- que si se consideran otras iniciativas de apoyo financiero a Grecia (que suman 102 mil millones de euros provenientes de otras fuentes) la muralla cortafuegos trepa a los 800 mil millones de euros. Y se supera el billón (sic) si la cifra se toma en dólares. La intención del eurogrupo es que la bazuka parezca más potente de lo que en verdad es. Por eso insiste: «Miembros de la eurozona se han comprometido a proveer aportes bilaterales adicionales al FMI por 150 mil millones de euros». Europa pretende que el FMI -con esas contribuciones y otras a obtener fuera de la región- diseñe una bazuka global de medio billón de euros a la que tener acceso. Pero la negativa del FMI no se ha corrido un centímetro.

¿Cuál es, entonces, el poder de fuego que se reserva Europa bajo la manga? Hablando siempre en euros: ¿700 mil millones? ¿800 mil millones? ¿950 mil millones? Dejando de lado los cartuchos que ya se utilizaron (o están comprometidos), la munición intacta disponible trepa a 500 mil millones de euros. ¿No era esa cifra acaso el límite superior que regía de antemano? No. Porque ello incluía los recursos -200 mil millones de euros- que ya se habían asignado. ¿No es un aumento demasiado modesto? Hay que aceptar que el gusto europeo, por lo general, prefiere el enfoque incremental (cuando ya no puede ignorar los problemas). Recuérdese que en diciembre Angela Merkel, la premier alemana, rechazó tajante cualquier ampliación. Se trata, pues, de un avance en el margen, pero que tres meses atrás no parecía posible. En ese sentido, los analistas internacionales juzgan que, otra vez, Alemania impuso su criterio. Tienen razón. La mayoría hubiera elevado el perímetro defensivo en 500 mil millones de euros -así lo planteó el ministro francés de Finanzas o la propia OCDE (y el FMI)- para poder mostrar un muro de un billón. Pero si se lee la prensa teutona el acento se pone (al igual que muchas críticas) sobre la concesión que hicieron Merkel y su ministro SchTMuble ante los pedidos de sus pares. Esa flexibilidad es un dato cierto, y novedoso, que no debería caer en saco roto. Evoca un diálogo y no una tosca imposición.

¿Alcanzará con el andamiaje que se anuncia? ¿O habrá que reforzarlo nuevamente? A decir verdad, la muralla cortafuegos se potencia después que el BCE apagó lo que se perfilaba, en diciembre, como un incendio inminente. Si bien se mira, Europa montó una artillería que no es desdeñable. Posee dos bazukas y no una sola: la de los Gobiernos (MEDE-FEEF) y la de su banco central. Esta última despachó, en dos descargas rápidas, un billón de euros de asistencia a los bancos, a tres años y a costo ínfimo. Y, a diferencia de lo que ocurre con el mecanismo del MEDE-FEEF, en caso de urgencia, no precisa de engorrosos procedimientos ni de cumbres presidenciales para sacudir su metralla. Visto así lo que la eurozona reúne como batería disuasoria no es muy distinto de lo que recomendaba Geithner. O de lo que usó EE.UU. para zafar del brete (la flexibilidad de la Fed más los dineros del Plan TARP).

El problema de emplear los recursos del MEDE-FEEF es que los rescates se han convertido en el abrazo del oso. Bastó con hacer circular el rumor de que España podría necesitar tomar esos fondos para asustar aun a los incautos. Por esa misma causa, Madrid no recurriría a su ventanilla hasta agotar cualquier otra vía, razonable o no. Fue lo que hizo Portugal mientras pudo, hasta que los mercados le cortaron, una a una, todas las amarras. En cambio, el BCE pudo intervenir a fondo sin provocar suspicacias ni estigma. El inconveniente de descansar en el BCE es que vierte recursos de liquidez, pero que no absorben pérdidas. Y cuando debe lidiarse con problemas de solvencia, la liquidez ayuda, pero lo decisivo es el capital, la capacidad de asimilar quebrantos. De ahí, la importancia de la bazuka reforzada que aprobaron los Gobiernos. Un uso combinado de ambos instrumentos -como se practicó en EE.UU.- sería la prescripción sensata. Piénsese en la crítica a los pases del BCE en el sentido de que, más allá de su bálsamo, «no tuvieron éxito» en revertir la contracción crediticia de la banca. Ocurre que esa conducta no se funda sólo en la asfixia por iliquidez, sino en una capitalización inadecuada (más aún si se repara en el aumento de exigencias que entra en vigor en junio). No fue la Fed con la creatividad de la expansión cuantitativa lo que despejó la misma fragilidad en EE.UU., sino la inyección de capital (compulsiva) del Plan TARP. En esa inteligencia, Europa dispone ahora de los mecanismos y los recursos. Si el fortalecimiento de la banca no procede, será entonces por la falta de voluntad para aplicarlos.

Dejá tu comentario