6 de julio 2010 - 00:00

Tango “industrial” con buena intención y algunos logros

«Tangolpeando». Guión: G. Rovito y M. Yuste. Dir. actoral: G. Rovito y G. Lista. Composición, prod. audiovisual y dir. mus.: G. Morales. (Chacarerean Teatre; los domingos).

El quinteto Tangolpeando, que integran desde 2005 cinco músicos y actores acaba de estrenar un espectáculo, cuyo programa de mano dice que lo suyo es «tango industrial». Se puede coincidir con ellos si consideramos el vestuario de obreros mecánicos, la escenografía de galpón abandonado y cierto tratamiento «maquinal» de los instrumentos. El texto también dice que se inspiran en hechos de la realidad argentina; y a lo largo del espectáculo vemos, en la pantalla de fondo, cacerolazos, desmantelamiento de las líneas férreas, zonas marginales del conurbano, cartoneros trabajando en la noche. Salvando las imágenes de video, todo eso queda mucho menos expresado en lo que se ve y se escucha.

En lo sonoro pasan básicamente dos cosas. Por un lado, presentan una serie de composiciones propias que apuntan, con más o menos cercanía, al tango en sus variantes «piazzolleana» y electrónica, al folklore, al candombe, a la murga porteña, a la milonga, al rap. En esos casos, el modo de presentarlos es el de «aires de»; o sea, músicas que parecen incidentales, temas que son en realidad preludios con pequeñas células melódico-rítmicas que recuerdan diferentes géneros. Por otra parte, Tangolpeando recrea a su manera -libre, a modo de «remix», aunque con instrumentos fundamentalmente acústicos- canciones del repertorio popular como «El día que me quieras», «Mi Buenos Aires querido», «Lejana tierra mía», «El arriero», «Cambalache», «La bien pagá» o la maravillosa chacarera del Duende Garnica «El olvidao».

A todo eso se agregan las teatralizaciones, más o menos logradas, con el pianista Leonardo Trento, el bandoneonista Gonzalo Morales y el guitarrista Gabriel Rovito como protagonistas principales; un excelente desarrollo visual que mezcla filmaciones con producción digital; la presencia de Carlos Gardel desde la pantalla poniendo su voz con aquello de «Queridos amigos de la América Latina.»; sonidos digitales que hacen base para una más presente instrumentación acústica; y un fuerte toque percusivo que atraviesa todo con eje en la amplia batería de Lucas Penayo, el bajo de Lobo Zepol y en un par de tamborcitos que permiten el procesamiento por una computadora.

Tangolpeando es una propuesta diferente, que a veces sorprende por su contundencia y otras se diluye en buenas intenciones. Pero bien vale su búsqueda de romper con los moldes, de mezclar lenguajes, de salir de los clichés, de apuntar al cambio.

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