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Tango más humor en un espectáculo atrapante
Oscar Lajad y Sandra Guida en “Tango corrupto”: un espectáculo irónico, sensual e irreverente en el mejor sentido.
Explicar con lujo de detalles de qué va este espectáculo, sería como contar el argumento, incluido el final, de una película. Porque buena parte de la gracia de "Tango corrupto" está en la sorpresa, en el desconcierto con el que se enfrenta el espectador que llega sin muchos datos. Pero sí vale la pena hacer algunas observaciones y adelantar algunas cosas que sirvan para entusiasmar a los lectores a ver el trabajo que hizo un grupo de músicos, cantantes y bailarines que, más allá de los talentos personales (que los hay aquí de sobra) tuvieron una idea original y la supieron plasmar.
Bajo la dirección de Julio Panno, hay aquí dos ejes: el tango y el humor. El tango, en modo inesperado y sorprendente. El humor desde la ironía, la saludable falta de respeto que necesita el arte, la acidez, el dedo en la llaga para mentes estrictas que no se prestan al juego. No es un recital en el sentido estricto, aunque hay una serie de canciones que se suceden y caben sin problemas en un disco; de hecho, ya hay una edición en CD. Tampoco, si nos ponemos principistas, es una pieza teatral, aunque hay elementos dramáticos, textos que van hilvanando esas canciones y buen grado de ficción.
El protagonista central es el cantor Oscar Lajad ("el Trovador Canoro"), especie de Alberto Castillo de este tiempo, que como cómplice de Panno en la construcción de "Tango corrupto" supo transmitir perfectamente el mensaje. Coprotagonista imprescindible fue aquí la actriz y cantante Sandra Guida ("la Calandria de Santa Lucía"), que despliega solvencia técnica mezclada con sensualidad y es el complemento femenino más adecuado.
El respaldo instrumental lo pone un cuarteto ("la falsa Orquesta de Señoritas La Desvelada") integrado por tres mujeres y un caballero bajo los arreglos musicales otra pieza fundamental en este show- de Gustavo Calabrese. Y el elenco se completa con el bailarín Sebastián Colavita ("el rey del firulete") que se integra al equipo, danzando solo o con sus compañeros hombres y mujeres, en la misma dirección irónico-sensual-atrevida-irreverente de todo lo demás.


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