26 de julio 2011 - 00:00

Tantanian y una obra de tema controversial

Para el director, aunque la pareja protagónica evoca una relación de cuando él tenía 40 años y ella 12, «‘Blackbird’ no es un caso de pedofilia sino una historia de amor trágico».
Para el director, aunque la pareja protagónica evoca una relación de cuando él tenía 40 años y ella 12, «‘Blackbird’ no es un caso de pedofilia sino una historia de amor trágico».
«Mi dificultad para llevar Blackbird a escena tuvo que ver con no encontrar gente que se quisiera sumar a este proyecto porque leyeron la obra como si se tratara de un caso de pedofilia».

Alejandro Tantanian («Los sensuales», «Las islas») cuenta con una sólida trayectoria como cantante, dramaturgo y director teatral. Su admiración por el autor escocés David Harrower comenzó con «Cuchillos en gallinas», pieza que dirigió en 2006, en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. Aquella opera prima de Harrower, escrita en 1995, narraba los pormenores de un triángulo amoroso situado en un ambiente rural, en donde el lenguaje marcaba crecientes diferencias entre los personajes.

En «Blackbird», obra de un solo acto y hora y media de duración, Harrower utiliza los diálogos como armas filosas que dejan a sus protagonistas en carne viva. La trama argumental parte de un episodio bastante escabroso: el affaire sexual entre un hombre de 40 años y su vecinita de 12, evocado por sus protagonistas quince años más tarde. Tantanian advierte que no se trata de «un caso de abuso, sino de una trágica historia de amor narrada como un thriller psicológico».

«Blackbird» subirá a escena el próximo 22 de Julio, en Ciudad Cultural Konex, protagonizada por Patricio Contreras y Malena Solda.

Periodista: Usted insistió mucho en estrenar esta obra.

Alejandro Tantanian: Sí, porque me enamoré del texto. David Harrower me lo regaló en 2005, cuando fui de gira al Reino Unido con mi espectáculo musical «De lágrimas». Él recién la había estrenado en el Festival de Edimburgo dirigida por Peter Stein y me la entregó después de una función que dimos en Glasgow. Esa misma noche la leí sin saber de qué trataba y quedé fascinado. Su escritura es sencilla en apariencia, pero está trabajada al máximo. Es como un diamante facetado: cuanto uno más lo observa, más caras descubre.

P.: Los críticos de habla inglesa elogiaron la obra, pero no destacaron su calidad lingüística.

A.T.: (Suspira) Creo que hicieron demasiado hincapié en la pedofilia. Analizaron el texto como un caso clínico, cuando está claro que es una ficción de contenidos metafóricos. Ray y Una se enamoraron y punto. Tratándose de una ficción todo es posible, pero si limitamos esto a una discusión moral, estamos desmereciendo la obra. Para mí es una gran tragedia contemporánea, algo que no es muy fácil de encontrar en el teatro actual.

P.: A medida que avanza la obra surgen más dudas y ambigüedades. Se hace muy difícil emitir un dictamen.

A.T.: Harrower se guarda muy bien de condenar a sus personajes y traza una suerte de línea divisoria entre el afuera y el adentro. Es decir, los protagonistas viven hacia adentro una extraordinaria historia de amor, mientras que el afuera trata de invadir ese adentro, ominosamente, para condenarlo. El público es quien decide si son víctimas o victimarios, o si él es pedófilo y ella una Lolita obscena que provoca a los hombres; porque los espectadores también pertenecen a ese afuera que observa y que juzga.

P.: El autor dijo haberse inspirado en el caso Toby Studebaker, un ex-marine norteamericano que en 2003 huyó con una colegiala británica de 12 años a la que había conocido chateando por Internet.

A.T.: No estoy muy al tanto, pero supongo que casos como ése no son tan extraños... Pero a mí no me interesan. Quienes conocen mi trayectoria saben que no me voy a entusiasmar en poner una obra sobre un caso clínico de pedofilia. Si elegí «Blackbird» fue por sus valores dramáticos; por la manera en que se da la información y se construye el verosímil; y porque hay algo empático con los personajes, el espectador puede ponerse en su lugar.

P.: Los dos roles tienen mucho lucimiento ¿Por qué le costó tanto conseguir actores?

A.T.: Creo que si les hubiera ofrecido «Ricardo III», que es la historia de un rey asesino de niños, entre otras cosas, muchos actores y productores habrían aceptado sin dudar, porque cuando se trata de Shakespeare. por cuestiones culturales, nadie se le resiste. Ni aún ofreciéndoles «Tito Andrónico» que es una especie de festival gore. En cambio, el texto de Harrower nos interpela aquí y ahora a través de personajes que visten como nosotros y hablan un idioma similar. Al no haber una perspectiva histórica, la reacción frente al material es más prejuiciosa. Aunque yo creo que con el correr de los siglos, Harrower también va a ser un clásico.

P.: Ya lo han comparado con Harold Pinter y con David Mamet. Al menos una de sus piezas, «Oleanna», tiene varios puntos en común con «Blackbird». ¿Está de acuerdo?

A.T.: Puede ser, pero en mi modesta opinión, Harrower es superior a Mamet y para emular a Pinter le faltan más años y más obras. Harrower es un autor poco prolífico, se toma mucho tiempo entre obra y obra. En «Blackbird» plantea algo muy interesante que obviamente aprendió de Shakespeare y es la profunda comprensión de los actos humanos sin mediar ningún tipo de condena. Incluso da pie para que alguien pueda decir: «Esos dos se amaban». Yo imaginé esta historia como una película de amor trágico.

P.: Pero también tiene algo de cinismo e ironía.

A.T.: Y aunque es una obra oscura, también tiene una enorme cantidad de humor. Yo intenté que aparecieran zonas de cierto corrimiento y algunas ideas musicales que es un poco mi sello distintivo. Es un texto que atrapa de principio a fin. Lamento que el público conozca el tema de la obra antes de ir a verla; porque uno recién se entera de lo que pasó entre ellos luego de varias escenas. Yo la leí con sorpresa y cuando la terminé tuve la sensación de saber más de Una y Ray que de mi propia familia. Eso me pasa muy pocas con las obras de teatro.

Entrevista de Patricia Espinosa

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