23 de abril 2018 - 23:24

Tarifas: el dilema de hacer historia o sólo gobernar

• EL PRESIDENTE HABLARÁ HOY DESDE VACA MUERTA.
IMPUESTO S SOBRE TARIFAS EN LA MIRA DE VOTANTES.
Macri debe convencer a gobernadores que acepten financiar tarifa social y la demora en la reducción de subsidios a través de, por ejemplo, bajas en impuestos. El déficit también en el centro de escena.

Mauricio Macri
Mauricio Macri
Mauricio Macri viajará hoy temprano a Vaca Muerta. Ese fue el escenario que eligió el Gobierno para el mensaje que el Presidente dará sobre la crisis por la suba de tarifas. Prometía anoche la Casa Rosada que no habrá agobio a los argentinos con una cadena nacional. Macri lo hará al mismo tiempo que se inicie una negociación con las provincias para que acepten colaborar con el financiamiento de una demora en la reducción de subsidios a la a la energía, por ejemplo, con la baja de la carga impositiva de los tres niveles de Gobierno que llevan encima las boletas de luz y gas.

En términos más simples, hoy la Casa Rosada le va a decir a las provincias reunidas en el Consejo Federal de Energía que tienen que hacerse cargo de parte del esfuerzo para mantener la tarifa social como hoy se la conoce y resignar impuestos que cobran sobre el consumo de energía. Habrá incentivos: las provincias que el Gobierno entienda que están cumpliendo con la pauta de reducción de tributos que se acordó en el consenso fiscal (sobre todo baja de Ingresos Brutos), que también implica las tasas que cobran sobre energía, van a tener una ayuda financiera. Sobre eso será hoy la pelea y de ahí la importancia del mensaje que dará Macri y que anoche se pulía en Olivos.

Esas conversaciones resumen, bien leídas, la crisis que el país atraviesa en materia de financiamiento al tesoro y las provincias desde hace tres décadas y la imposibilidad de reducir más rápido el déficit fiscal.

La disputa por la suba de tarifas, tras una semana agobiante con planteos dentro de Cambiemos, una crisis que no terminó con los radicales y Elisa Carrió y la amenaza de más sesiones que esta vez puedan reunir quórum opositor para votar un freno a esas subas, desembarca ahora en un nuevo plano. Es, junto con la necesaria recomposición del valor de la energía que deben pagar los argentinos (irresponsablemente subsidiados por más de una década) el problema más grave que enfrenta el país: la presión tributaria que ahoga, ahora más que nunca, hasta las tarifas.

Macri esta enojado con las provincias que subieron Ingreso Brutos tras la firma del consenso fiscal aprovechando que tenían resto para hacerlo respecto a los máximos que fijó ese pacto como punto de inicio para el posterior descenso.

Lo considera una traición y protesta a quienes lo quieren escuchar contra municipios y gobernaciones que se "subieron" a las facturas de luz, gas y agua multiplicando el costo para los usuarios. Reconoce que de esos cargos que implican mas de 35 % del valor total de lo que paga cada domicilio por los servicios el IVA recargado se lleva la mayor parte, pero que el Estado Nacional hoy no puede resignarlo. Es la prueba cabal de la distorsión que sufre cualquier precio en la Argentina como producto de la presión que le pone el Estado a todo lo que consumen los ciudadanos.

Macri esta decidido a mostrar austeridad y les pone de ejemplo a los gobernadores la pasión por recortar gastos superfluos que se le ha desatado, sobre todo en los últimos tiempos. Los asesores que tiene cerca bajan la cabeza y reconocen que el Presidente hasta controla las delegaciones que viajan al exterior con él. No quiere más de 5 o 6 personas y ordenó que no se contraten más suites en los hoteles, incluso para él, sino habitaciones comunes. Deberá hacer un ejercicio para supervisar que otras áreas, incluso en el Congreso, cumplan con esas restricciones que se aplica a sí mismo.

Sabe Macri que un presidente puede simplemente gobernar o hacer historia. Solo con arreglar una tema tan difícil y de herencia complicadísima como las tarifas no se pasa a la historia. Hace falta bastante más. Es una cuestión opaca y poco convocante para la política, peso esencial para la economía; más si quiere mostrar don de mando y mantener la confianza en los cambios que el mundo espera de la economía argentina.

Los 10 años de retroceso del kirchenerismo no se pueden arreglar en dos años y obviamente también incluye esto el problema de las tarifas.

Es más difícil aún cuando el impacto cae directamente sobre el votante que eligió el cambio que propuso Macri. Son los mismos ciudadanos que inclusive apoyan la necesidad de financiar con los impuestos que pagan a toda la Argentina que está a la intemperie y debe ser atendida con programas sociales mientras las reformas que prometió el macrismo terminan de ver la luz. Algunos de esos votantes hoy están asustados por el impacto de las subas y le piden al Estado (nacional, provincial o municipal) que sea socio en el esfuerzo. No parece que ningún argentino razonable pida hoy que se de marcha atrás con el proceso de racionalización de tarifas. Pero si que se baje el gasto y que cada distrito se ponga a la par a sufrir el impacto de la recomposición tarifaria aceptando una reducción tributaria sobre las facturas. Macri se lo pedirá hoy a gobernadores e intendentes. Es solo una parte.

Este caso es emblemático porque afecta el día a día de la gente. No se puede esperar que haya comprensión in eternum de la sociedad para una recomposición de tarifas tan compleja después de 12 años de un populismo que las congeló y tapó bajo una inflación dibujada o negando las modificaciones de los precios de la energía a nivel mundial.

Esa barbarie económica se le puede comprender a Cristina de Kirchner, que cubrió cada una de las decisiones que debió haber tomado en materia económica con una manta de demagogia electoralista, logrando el éxito peronista de postergar las crisis para que le estallen al Gobierno siguiente.

Se supone que Cambiemos no es eso; al menos el electorado de Macri así lo piensa. Pero no tiene demasiado tiempo el Presidente para darse cuenta que debe hacer historia, no solo gobernar.

La crisis de las tarifas aún no terminó como parecía hacia el viernes pasado. Macri tiene por delante desde hoy una semana que será clave. Ya hay medidas judiciales en marcha y una guerra que se sabía dura pero que esta teniendo batallas impredecibles en las provincias, el Congreso y la Casa Rosada.

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