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Teherán convirtió foro mundial en una tribuna de propaganda
Mottaki pudo desplegar el sábado ante 300 autoridades en materia de defensa y ante medios de comunicación del mundo entero los argumentos del régimen islámico. Incluso se permitió fanfarronear, colocando la propuesta de la ONU -y última esperanza de acuerdo- al mismo nivel que otras posibilidades contempladas por su Gobierno y que incluyen «aumentar la propia capacidad de enriquecer uranio o buscar otras fuentes donde comprar uranio enriquecido».
En la trastienda de la Conferencia de Seguridad, Mottaki se reunió con el director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), Yukiya Amano, recién llegado al cargo y que protagonizó un debut más que discreto. Se limitó a decir que «Irán no ha presentado aún ninguna propuesta».
Alemania, país anfitrión de la Conferencia, nunca creyó que Irán llegase realmente con una voluntad de acuerdo y el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, comentó en los pasillos que la actuación de Mottaki era una «burla».
La farsa de Munich sólo ha servido para que las potencias internacionales se inclinen de forma todavía más decidida por las sanciones, como resaltó el miembro del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU., el general James Jones, cuando advirtió: «Vamos a intensificar nuestra presión sobre Irán». Lo hizo tras reconocer que «el programa nuclear iraní es la principal preocupación del mundo en materia de seguridad».
La propuesta original hecha a Irán por el grupo de contacto 5+1 (Estados Unidos, Francia, Rusia, China, Reino Unido más Alemania) consiste en la entrega por parte de Teherán de 1.200 kilos de su uranio de bajo enriquecimiento para ser enriquecido en un país previamente acordado.
Fuentes de la delegación del Congreso estadounidense en Munich han reconocido un tanteo, por parte de Irán, para presentar ciertas condiciones a esa entrega. Pero se muestran igualmente inflexibles: «¿Quieren poner condiciones? Sólo aceptaremos que pongan fecha». En el tono se detecta cierta animadversión, aumentada por el hecho de que los expertos que acudieron a Munich tuvieron que escuchar cómo el ministro iraní trataba de deslegitimar a los gobiernos occidentales afirmando, por ejemplo: «En muchos de sus países se eligen gobiernos por el 25% de los votos, en el mío los vota el 80%». Una actitud con la que confirmaba los peores augurios diplomáticos.
En Munich quedó muy mal sabor en la boca. Especialmente tensa fue la reunión mantenida por Mottaki con el ministro alemán Westerwelle, en la que, según fuentes del Gobierno de Berlín, se alcanzó un alto grado de tensión.
El titular de Exteriores alemán, de hecho, comenzó el sábado, en los pasillos del Bayerischer Hoff, a mentalizar a la industria germana para que vaya contando con las consecuencias económicas de un aumento de las sanciones a Irán.
«He hablado con varios representantes de grandes empresas y están de acuerdo en que una potencia nuclear de estas características sería peor para la economía alemana y para el mundo entero», reconoció el liberal Guido Westerwelle. Alemania es el mayor socio comercial europeo de Irán y el apoyo de la industria a las sanciones será muy valioso para el Gobierno de Angela Merkel.
A la imagen que desde Alemania transmitió el régimen iraní a su clientela, la de potencia islámica dando sopapos a Occidente, se sumaba el anuncio de la nueva fabricación de los misiles antihelicópteros Qaem y antivehículos blindados Tufan-5, uno de los misiles más avanzados con dos cabezas de explosivos, información difundida por la televisión iraní, que se pasaban a través del IPhone y alarmados, los miembros de la delegación india desplazada a Munich. Esta guinda propagandística impulsó al ministro de Defensa alemán, Theodor zu Guttenberg, a concluir que la actuación de Irán en la Conferencia no había sido más que «una artimaña».
Las sanciones contra Irán deben centrarse en detener la proliferación nuclear y no cebarse con la actividad económica, humanitaria y cultural de la República Islámica. Esta es la postura de Rusia, expresada en Munich por su primer ministro, Serguei Ivanov.


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