25 de marzo 2011 - 00:00

Terror en la cúpula de Damasco

Damasco - Cuando se trata de cuestiones como los Altos del Golán ocupados por Israel, los sirios y su presidente hablan con una misma voz; pero la imagen del enemigo común israelí y los omnipresentes servicios secretos sirios quizá no basten pronto para mantener el poder de Bashar al Asad.

Un levantamiento en una ciudad de provincia, un grupo concentrado ante el Ministerio del Interior, varios «mártires»: quizá no sea una revolución, pero los funcionarios sirios comienzan a tener miedo.

Aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta en Damasco, los mismos políticos que hace un mes aseguraban con aplomo que el presidente Asad y su régimen eran queridos por el pueblo y no tenían nada que temer están cada vez más nerviosos y de forma extremadamente discreta comienzan a tejer una estrategia de supervivencia.

Cada día anuncian pequeñas reformas, proyectos de desarrollo y medidas para combatir la corrupción. A su vez, los esbirros del aparato de seguridad estatal se despliegan en torno a los levantamientos. Disparan con armas automáticas, detienen a opositores del régimen e intentan a la vez desacreditar a los manifestantes.

«Estos acontecimientos son el resultado de una campaña estadounidense-israelí en la que participa Abdelhalim Jadam (exvicepresidente sirio exiliado en París), que recibe dinero de la familia Hariri (una dinastía política sunita rica del Líbano), una figura simbólica de la corrupción», decía el miércoles una web cercana al Gobierno, horas después de que seis personas murieran en las protestas en la ciudad de Deraa. El primer ministro, Mohamed Nayi Otri, anunció dos nuevos proyectos destinados a beneficiar a los jóvenes de entre 16 y 30 años, la generación de las protestas: la creación de empleos para jóvenes académicos y de una formación profesional para quienes terminen la escuela.

Pero los manifestantes que se reunieron en Damasco, Alepo, Idlib y Deraa en protestas más o menos espontáneas quieren más. Exigen libertad de expresión, una nueva ley de partidos y elecciones libres. Y quieren que no sólo se despida a gobernadores provinciales incapaces y funcionarios corruptos, sino también la marcha de los empresarios corruptos del oscuro círculo del presidente Al Asad.

Al tope de la lista está el oligarca Rami Majluf, un primo del presidente que participa en la empresa de telefonía móvil Syriatel. Sus buenas relaciones hicieron posible su entrada en el negocio de la aviación y participa además en el negocio del tabaco «duty-free» y de los televisores de pantalla plana. Su imperio se ha hecho tan grande que los sirios hacen chistes diciendo que ya no se podría vivir en Siria sin las prestaciones y los bienes de Rami Majluf.

Por eso, los manifestantes no sólo incendiaron en la convulsa ciudad de Deraa edificios públicos, sino también filiales de Syriatel. También Estados Unidos tiene vigilado a Majluf desde hace tiempo. Hace dos años el Departamento del Tesoro lo puso en una lista de sirios corruptos cuyos bienes en Estados Unidos debían congelarse. Además, desde entonces se advierte a los ciudadanos estadounidenses que no hagan negocios con él y sus empresas.

Aún sigue sin estar claro si las últimas detenciones y disparos mortales contra los manifestantes en Deraa serán suficientes para movilizar a la silenciosa mayoría de los sirios. Y tampoco se sabe si los que podrían llegar al poder tras el derrocamiento del régimen de Al Asad serían más modernos y democráticos.

Agencia DPA

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