9 de noviembre 2023 - 00:00

“¿Todo bien?”: cuando la tecnología nos gobierna

Diálogo con Carlos Ares, autor de la obra que el pasado fin de semana puso en escena Leonor Benedetto en el Cine Teatro El Plata de Mataderos.

¿Todo bien? Juan Manuel Correa y Micaela Sol Bruzzone en la obra de Ares con dirección de Leonor Benedetto.

¿Todo bien? Juan Manuel Correa y Micaela Sol Bruzzone en la obra de Ares con dirección de Leonor Benedetto.

“La adicción a la tecnología la veo como un síntoma de cierto vacío propio de una época que no deja lugar ni espacio para mirar sin querer ser visto”, dice Carlos Ares, autor de “¿Todo bien?”, que se estrenó el fin de semana en el Cine Teatro El Plata de Mataderos con dirección de Leonor Benedetto. Cuenta con la actuación de Juan Manuel Correa, Micaela Sol Bruzzone y Carlos Ares y aborda las ventajas, peligros y excesos de la tecnología, donde los personajes están, cada uno a su manera, siendo víctimas del vértigo de ese progreso y olvidaron cómo son las primeras señales del amor. Dialogamos con Ares.

Periodista: ¿Cómo surgió el interrogante sobre los peligros de la tecnología ante los excesos?

Carlos Ares: Como periodista me considero un “cronista” de los que salen la calle. Escribir teatro para mí es hacer crónicas de vida cotidiana por otros medios. En la obra no tomo el tema tecnológico alertando sobre peligros o excesos, en todo caso eso se da como consecuencia de que alguno de los personajes advierta al otro sobre los riesgos de determinada forma de actuar.

P.: ¿La tecnología maneja nuestras vidas?

C.A.: Si bien se mira, en casa, en el bondi, en la calle, en los bares, la gente abstraída en la pantalla, necesitada de estar conectada, cualquiera diría que sí, pero no lo creo. La evidencia empírica solo prueba el cambio en las formas, no en el contenido. Estos es: parece que sí, pero a la vez seguimos intercambiando los mismos sentimientos de siempre, amor, amistad, odio, pasión, alegría. Es cierto también que puede provocar adicción, como tantas otras cosas.

P.: ¿Qué enfrentan los personajes y como son?

C.A.: Los personajes se enfrentan con estos temas de los que hablamos, cómo relacionarse en modo humano. Están de algún modo intervenidos por la mediación de la tecnología. De pronto, aparece el deseo, el amor, ¿qué hacer con eso?

P.: ¿Qué otros temas toca la obra?

C.A.: Hay algo, una idea, una propuesta a veces explícita, a veces implícita, a veces vaga, a veces muy clara, pero en definitiva el espectador que mira ve aquello que lo toca en algún lugar de su propia historia o de alguien ajeno.

P.: ¿Hay demonización del llamado progreso?

C.A.: Como todo, depende de a qué llamamos “progreso”. El cambio climático, los desastres ambientales, son consecuencias de cierto “progreso” económico para algunos que perjudica a otros. Pero es indudable que el progreso tecnológico ha permitido a millones de personas acceder a conocimientos que hasta hace poco les resultaban inalcanzables. Pueden aprender idiomas, tocar instrumentos, escuchar músicas de todo el mundo, cocinar con grandes chefs, filmar, viajar en modo virtual, hay millones de sitios de interés que se despliegan en un menú infinito.

P.: ¿Qué pasa con los vínculos y el amor ante el frenético mundo de los celulares y las apps?

C.A.: El amor es el sentimiento que nos constituye. Del que se desprenden todos los demás. La forma de vincularse puede cambiar, pero no la esencia del amor. El no cambia, ni progresa, ni retrocede. Estamos hechos de amor. No nos podemos pensar fuera de eso. En modo filósofo diría, “amo, luego existo”.

P.: ¿Cómo se transformó la obra del papel a la puesta?

C.A.: Fue un gran trabajo de la directora, Leonor Benedetto. Sin su sabiduría, experiencia, conocimiento, no hubiera sido igual. Ella descubrió el corazón escondido en el texto y lo expuso. Los actores se rindieron a ella, a sus sugerencias, marcaciones, consejos, para, a su vez revelarse en los personajes. Asistí a todos los ensayos y tome un curso intensivo de actuación.

P.: ¿Cómo ve la escena teatral?

C.A.: Es reconocida como una de las más potentes del mundo. Cada fin de semana hay casi doscientos espacios abiertos para poder elegir. Teatro musical, de investigación, vanguardia, clásico, lo que se quiera, con actores formados, preparados, increíbles. Hay algo ahí, tradición, transmisión, hambre, sed, que permanece contra toda desesperación, o por causa de esa desesperación. El teatro viene siempre a decirnos que la esperanza, la ilusión de que somos mejores que esto, que la vida que estamos llevando, perdura.

P.: Cómo fue su incursión en la dramaturgia tras años de periodismo?

C.A.: No me siento un “dramaturgo” sino un periodista curioso al que le intrigan las personas, el mundo en el que le toca vivir, que ahora escribe sus crónicas para teatro. Esto se dio porque una vez Tito Cossa leyó alguna de las primeras obras que escribí y me dijo: “tenés muy buen oído para la música del teatro, que es el diálogo”. Dicho por él, semejante estímulo fue suficiente para que me pusiera a escribir. Y así fueron saliendo varias obras. Con una de ellas, “Otros de nosotros”, nos presentamos en el Festival Iberoamericano de Cádiz. Ahora se estrena “¿Todo bien” en el Teatro cine del Plata de Mataderos con producción del Teatro San Martín y el martes 21 de noviembre “Eternos hasta mañana” en El Galpón de Guevara, en Chacarita.

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