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“Todo lo que quiero contar encaja en la matriz del policial”
Eugenia Almeida: “Aun el policial de enigma clásico en ámbito más privado, más reducido, ofrece casos que involucran lo social, que atraviesan todo”.
Periodista: El thriller pareciera ser el género narrativo de nuestra época.
Eugenia Almeida: Creo que esto se debe a que ofrece una trama que permite ver ciertas realidades sociales que, si bien también se abordan desde otro tipo de géneros, el policial tiene un acercamiento particular. Esto es algo mundial.
P.: ¿Cómo aparece la idea de un policial local cuando estaba en una residencia en Francia?
E.A.: La invitación a Francia es para desarrollar un proyecto. Hay que presentar una idea de lo que se va a hacer. En mi caso fueron unas paginitas de lo que yo pensaba escribir. Viajé a una residencia en una villa que fue la casa de la infancia de Marguerite Yourcenar, en Mont Noir, en el norte de Francia, en la frontera con Bélgica, a 40 kilómetros de Lille. Yourcenar le pidió al Estado francés que tomara ese lugar para hacer una residencia de escritores. Para acceder hay una especie de concurso en el que se tiene que presentar un dosier con la trayectoria y los libros traducidos al francés. Si se es seleccionado uno puede quedarse ahí uno o dos meses con total respaldo, absoluta tranquilidad, unos honorarios que cubren lo que ganaría en el trabajo que se deja, una cálida atención y muchísima libertad. En esa residencia se considera que los tiempos de creación nada tienen que ver con los tiempos administrativos; uno puede trabajar ahí y que el libro salga diez años después. En cada etapa hay tres escritores de diferentes nacionalidades residiendo en esa bellísima villa. Es una forma muy potente de apoyar la creación.
P.: ¿Llegó ya sabiendo que iba a escribir una novela policial?
E.A.: Llegué con algunos elementos de "La tensión del umbral" en mi cabeza, que no sabía que se iba a llamar así. Tenía la imagen de una mujer que se suicida en la calle, en una situación extraña, y que lo que ocurría cruzaba de alguna manera la historia personal de algunas personas con la historia social de la ciudad donde transcurre todo, y con la de este país. Me gusta mucho ver cómo ciertas realidades sociales se encarnan en las vidas cotidianas.
P.: Esa idea de "pueblo chico, infierno grande" está ya en su ópera prima "El colectivo".
E.A.: Ese momento de cruce entre lo social y lo que después pasa en cada una de nuestras casas, en nuestra intimidad, está en "El colectivo", en "La pieza del fondo" que es mi siguiente novela, y en "La tensión en el umbral", y sospecho que puede estar en todas las que escriba porque es algo sobre lo que vuelvo siempre más allá de la escritura. Muchas veces pensamos que tenemos mucho margen de libertad para elegir y nos olvidamos que estamos inmersos en una red, en una época con un modo de ver el mundo, en lo pensable y lo que todavía no podemos pensar. Me parece que viene por ahí esa preocupación.
P.: ¿Eso significa que antes de escribir ya tenía la idea de cómo era la estructura de la novela?
E.A.: En general parto de una escena inicial que no entiendo, y escribo para poder saber qué pasa. He intentado trabajar alguna vez con un plan y no me ha funcionado. Acá iba por la página cien y no sabía qué iba a pasar después. El policial exige muchas correcciones al final. Hay que volver sobre los pasos que se han dado para ajustar el relato. En este caso fue una corrección absolutamente diferente a la de mis anteriores novelas. Pero releyendo lo que había escrito tuve una cierta satisfacción personal; soy muy lectora de policiales y siento que pude hacer una historia que cumple con los requisitos del género.
P.: ¿La imagen que la impulsó a contar fue la de esa mujer que se suicida?
E.A.: Fue la de esa mujer en el suelo, muerta y con un balazo en el pecho, y sabiendo que era un suicidio, que no era que le habían disparado. Después surge ese hombre al que ella le apunta, que la ve, gira y se va caminando tranquilamente, y ella que se apunta al pecho y se dispara. Me preguntaba qué es ese gesto tan extremo, y qué puede haber detrás de ese gesto, si se trató de un asesinato que funcionó mal, si es una trágica representación que busca decir o denunciar algo. Hay una imposibilidad de dar una respuesta a ese gesto. Cualquiera que haya tenido un suicidio cercano sabe que no hay respuesta que termine de cerrar, que diga: ah, bueno, fue por esto. Solemos pensar en el suicidio como la instancia más privada, a veces no es así, a veces lo social supera todo.
P.: ¿Desde qué lugar buscó saber el significado de ese suicidio?
E.A.: Me sentí un poco en la posición de Guyot, el protagonista, un periodista que trata de saber qué es lo que pasó, porque yo tampoco sabía quién era ese hombre, qué había detrás del gesto de ella de apuntarle. En mi caso la literatura funciona un poco como los sueños. Uno sabe que lo que se presencia es producto de uno pero cuando se está ahí, en ese momento, siente que le está pasando. Para mí ese saber qué va a pasar es lo más apasionante de la escritura.
P.: ¿Entre nosotros, el detective es el periodista?
E.A.: Aquí sería muy difícil tener un investigador limpio y honesto que pertenezca a alguna fuerza de seguridad, por la historia que tenemos en nuestro país y en general en Latinoamérica. Pero no es un periodista al estilo de Roberto Arlt o de Rodolfo Walsh, es un empleado de un medio que viene a los tumbos y hace las cosas lo mejor que puede, y tarda mucho en ver lo que los demás ven antes. Frente a Guyot está Bizzetti, un periodista más viejo, más sabio, y ve venir mucho antes que hay historias que al descubrirlas, al desenterrarlas, pueden traer consecuencias funestas. A través del policial se abre una mirada sobre cómo ciertos poderes forman una red oculta a nuestra vida diaria y estructuran a la sociedad. Los poderes no son siempre los que creemos que son sino que muchas veces se construyen en la sombra, están invisibilizados. En gran parte de la sociedad hay una mirada un poco naif sobre el rol de los medios, como empresas, de las empresas de seguridad públicas y privadas, de la herencia del Proceso. Me interesa mucho el mundo del que las fuerzas de seguridad empiezan a participar de una manera del mundo del delito. Hay una cadena de producción en la que uno necesita del otro. El policía necesita del criminal, y el criminal del policía. A veces es difícil ver realidades truculentas y tenerlas en lo cotidiano, en todo momento, y las terminamos viendo cuando esas realidades nos golpean. El escritor Francois Emmanuel dice que uno quisiera ser sólo testigo, un actor secundario, el narrador de una historia que de pronto se te viene encima, y uno no es el narrador, está ahí en medio de la tormenta. Me parece que también hay una historia relacionada con la importancia que tienen las cosas cotidianas qué hacemos cada uno de nosotros para la construcción de la realidad social. Si se suman pequeños gestos creo que se construye un mapa.
P.: El legado de la novela negra de Hammett y Chandler es esa mirada sobre la sociedad, sobre el poder, algo que ha profundizado en los últimos años la novela policial sueca y latinoamericana.
E.A.: Aun en el policial de enigma clásico en ámbito más privado, más reducido, ofrece casos que involucran lo social, que atraviesan todo.
P.: ¿Cómo surge el título de su novela?
E.A.: Yo trabajaba en una escuela, me había parado en la puerta, y la secretaria, una persona encantadora, licenciada en Letras, me dijo: vos no podés avanzar por la sencilla tensión del umbral. Esto mucho antes de la novela. Le dije yo eso te lo robo. En esta novela me parece que ése era el título porque los personajes siempre están al borde de algo, sin tener muy en claro qué hay del otro lado, pero cuando uno está en el umbral ya está pisando lo que viene. Me parece que todos los personajes circulan por ciertos umbrales y viven la tensión que eso supone.
P.: En Córdoba la literatura pasa por las mujeres, y la mayoría se dedican a la novela histórico romántica.
E.A.: No sé si es una cuestión literaria o de visibilidad coyuntural. En Córdoba hay enorme escritores; Federico Falco, Martín Cristal, David Voloj, en mi generación, y hay grandes escritores de policiales como Fernando López, entre muchos otros. No me animaría a decir que la literatura en Córdoba la llevan las mujeres, pero sí que se ha dado una cosa de visibilidad. Lo que sucede es que la novela histórico romántica tiene mucha presencia en el mercado, y además con obras de la calidad literaria de Cristina Bajo. Por otro lado están Perla Suez que fue Premio Nacional, María Teresa Andruetto que tiene una colección de premios infinita. Lo que ocurre es que hay escribiendo tantas mujeres como hombres, que no sé si ocurre en otras regiones del país.
P.: ¿Después de este policial que planea escribir?
E.A.: Estoy en la instancia del arranque de una novela, en el momento de la imagen inicial sin saber bien qué va a pasar todavía, así que no puedo adelantar mucho. Tengo muchas ganas de escribir otro policial. Hay algo en ese género que me dio mucho placer. Siento que historias que quiero contar y cosas que quiero decir solo podrían ser narradas con la matriz del policial.
Entrevista de Máximo Soto


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