30 de mayo 2017 - 23:37

Tormentas en la comarca: primeros conflictos que deberá atender Faurie

• EL FLAMANTE CANCILLER DEBERÁ ORGANIZAR LA CUMBRE DEL MERCOSUR DE JULIO EN MENDOZA
El ministro tendrá que atender las crisis de Maduro en Venezuela y Temer en Brasil; y fijar posición del país dentro del bloque. En 2018 deberá organizar la cumbre del G-20 en Argentina. Es el cuarto integrante del cuerpo diplomático en llegar a ministro de Relaciones Exteriores.

VIAJE. Lo emprendió ayer Jorge Faurie, que hoy verá a Malcorra.
VIAJE. Lo emprendió ayer Jorge Faurie, que hoy verá a Malcorra.
Jorge Faurie tendrá poco tiempo para relajarse con su nuevo cargo. A pocas horas de asumir como el segundo ministro de Relaciones Exteriores de Mauricio Macri, el hasta ayer embajador argentino en Francia tendrá que embarrarse con los conflictos políticos regionales y organizar la inminente cumbre del Mercosur donde la Argentina será anfitriona y que tendrá a Mendoza como sede. Será entre el 17 y el 21 de julio. Hasta ese momento el flamante canciller tendrá que definir con el Presidente cuál será la posición oficial ante la crisis que dos de los teóricos invitados; Nicolás Maduro y Michelle Temer, tienen en sus propios Estados. En concreto, Faurie deberá definir con el jefe de Estado si invita formalmente al presidente venezolano o le mantiene la veda para las cumbres regionales; a riesgo además de comenzar con el pie izquierdo con las relaciones con la Bolivia de Evo Morales y el Ecuador de Lenin Moreno; los dos sostenes principales que Maduro sigue manteniendo en el bloque. Pero además deberá estar atento a la evolución de la crisis en Brasil, donde Temer parece pilotear un planeador en medio de una tormenta eléctrica; situación que podría derivar en alguna eventual dificultad mayor para que el jefe de Estado del principal país integrante del bloque pueda participar del evento. En otras palabras, Faurie podría ser el canciller organizador de la cumbre del Mercosur más complicada de su historia, y a poco más de un mes de haber asumido.

Un cuadro pro defensor de los acuerdos de libre comercio, sobre todo entre el Mercosur y la Unión Europea. Workaholic. De carácter firme y, por momentos, duro y con tonos más bien altos. Admirador del esquema de premios y castigos como sistema de trabajo. Con casi cuatro décadas en el cuerpo diplomático oficial, trabajando con gobiernos radicales, peronistas, aliancistas, duhaldistas, kirchneristas y macristas. Es con este último con el que tuvo más afinidad política, luego de haber cuestionado abiertamente dentro del esquema diplomático oficial, el destino que las relaciones exteriores venían manteniendo en los últimos años de Cristina de Kirchner en el poder. Responsable durante el Gobierno de Carlos Menem del área de protocolo y ceremonial de la Cancillería (uno de los puestos más importantes del ministerio), había llegado a su máximo nivel hasta ahora como vicecanciller de Carlos Ruckauf durante el gestión de Eduardo Duhalde. Se aseguraba en esos tiempos que Faurie era el verdadero canciller y quién gastaba teléfonos en la Argentina de los primeros pasos del default con diplomáticos de todo el mundo para tratar de explicar el desastre político, económico y financiero en que se había convertido el país. Es en estas épocas donde adquirió su fama de técnico trabajador full time y a destajo, pero reclamándole exigencia máxima a sus colaboradores cercanos. La época lo ameritaba. Sus explicaciones telefónicas y personales en esos tiempos volaban de continente a continente, de cancillería a cancillería, de organismo internacional a organismo internacional; con victorias y sinsabores, dependiendo del nivel de enojo del destino del interlocutor. Fue en esos tiempos responsable de aplacar muchas iras y de abrir líneas de diálogo, en especial con estados europeos, orientales y oceánicos, donde la Argentina era vista como un belcebú devaluador cuyos habitantes se debatían la República en las calles a las trompadas. Su misión, bastante cumplida, era la de mostrar al país como un estado en recuperación y en búsqueda de la seriedad. La relación con Ruckauf no terminó del mejor modo; y Faurie continuó con destinos diplomáticos más generales, asentándose luego por años en la Embajada argentina de Portugal.

Faurie viajó ayer desde Paris, y hoy se reunirá con Malcorra en el piso 13 del edificio de la Cancillería; un lugar donde el próximo ministro conoce como su casa. De hecho, será el primer integrante del cuerpo oficial de diplomáticos de carrera egresados del Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN) en actividad como ministro de Relaciones Exteriores, desde que Susana Ruiz Cerutti ocupó ese cargo desde el 26 de mayo hasta el 8 de julio de 1989; al final del Gobierno de Raúl Alfonsín. Antes de Faurie y Cerutti hubo sólo dos antecedentes. El primero fue el de Alberto Juan Viñes, que asumió el 13 de julio de 1973 bajo la presidencia interina de Raúl Alberto Lastiri; permaneció durante la tercer presidencia de Juan Domingo Perón y debió renunciar el 11 de agosto de 1975, luego de la caída en desgracia de José López Rega. El tercer egresado del ISEN en llegar a dirigir la Cancillería fue Raúl Alberto Quijano que asumió el 19 de enero de 1976 y renunció el día del golpe militar.

Con mayor satisfacción que atender los siempre complicados problemas regionales que van apareciendo cada tanto entre los vecinos de la Argentina; Faurie tendrá una misión más atractiva que organizar en 2018. Mauricio Macri será el año próximo anfitrión de la primera cumbre del G-20 que se organizará en territorio nacional, donde, si todo sale bien, el Presidente recibirá al norteamericano Donald Trump, la alemana Angela Merkel, el ruso Vladímir Putin, el chino Ji Xinping, el francés Emmanuel Macron, el italiano Matteo Renzi, el japonés ShinzAbe, la británica Theresa May, el mexicano Enrique Peña Nieto, el brasileño Temer (o quien ocupe su lugar) además de los líderes de Australia, Indonesia, Sudáfrica, Turquía, Corea y Canadá; además de los titulares de los principales organismos financieros internacionales. El leit motiv de la cumbre girará bajó el temario de la generación de trabajo y la educación; y se convertirá probablemente, el evento más importante en la historia diplomática del país por el nivel de los visitantes.

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