Tras la dilapidación electoral, Chávez debe ahora pagar cuentas

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Después de haber puesto toda la carne al asador en lo que se dice fue la campaña política más costosa de la última década en Venezuela, el triunfo del Sí a la posibilidad de reelección indefinida dio a Chávez su corona de laureles. Pero la ventaja electoral del domingo no viene con garantía escrita de adoración eterna. Al líder bolivariano le toca ahora cumplir con sus promesas de campaña.
«Ganar la votación por la enmienda constitucional no le asegura a Chávez el triunfo en las próximas elecciones presidenciales de 2012», dijo a este diario, desde Caracas, el analista Alfredo Maldonado, de Venezuela Analítica. «Antes tiene que revertir temas acuciantes, como la inseguridad que asuela a los venezolanos de los barrios (villas) pobres o la deuda que el Gobierno tiene con las empresas del Estado en Guayana», continúa. Datos de la ONU colocan a Venezuela como el país más violento del continente, con 40 asesinatos por día (14.000 anuales, cuatro veces más que las víctimas del conflicto de Gaza). Este índice se elevó 2,5 veces desde 1999, año en que Hugo Chávez llegó por primera vez a la presidencia.
En Guayana, sobre la desembocadura del Orinoco, se asienta el polo industrial de la industria pesada venezolana, con las fábricas de hierro, las acereras (Sidor, entre ellas), las fábricas de papel, las usinas eléctricas, todas ahora estatizadas: «Chávez tiene allí pagos atrasados por u$s 400 millones, con lo cual, los conflictos gremiales se irán agravando cada vez más», expresó Maldonado.
Después de cinco años de crecimiento económico ininterrumpido y al amparo de la panacea de un barril de crudo que llegó a tocar los u$s 129 en junio del año pasado, la economía de Venezuela acaba de tener un aterrizaje forzoso. El país es «petrodependiente»: el 94% de sus ingresos proviene de las exportaciones de crudo (en 1998, antes de que llegara Chávez al poder, éstas aportaban sólo el 64%).
Hoy, con el petróleo por debajo de u$s 40 y el presupuesto anual basándose en un barril de u$s 60, las cuentas no dan. Menos todavía después de las erogaciones para la campaña electoral. «Y con una administración incompetente en el Gobierno», aclaró Maldonado. Con un pronóstico de inflación del 45% para este año, que superaría a la del 30,9% medida en 2008 (fue la más alta de Sudamérica), el alza en la conflictividad laboral es inevitable. El sueldo promedio de un empleado estatal es de 1.200 bolívares fuertes y la canasta básica, calculada en 3.000, se lleva casi tres de ellos (la paridad es de 2,15 bolívares fuertes por dólar, 5,45 en el cambio paralelo). «Además, son 2 millones de empleados públicos», agrega desde Caracas el economista Luis Carlos Palacios, titular de la cátedra de Economía en la Universidad de Caracas.
En la city caraqueña, banqueros y financistas opinan que se impone un ajuste inmediato en la economía venezolana. Barclays, por ejemplo, ya habla de reinstalar el impuesto a las transacciones financieras, aumentar el IVA, sincerar el subsidio a los combustibles (un tanque de nafta súper cuesta lo mismo que un café) y devaluar la moneda un 37%. «¿Ajuste? No es todavía el momento: Chávez y sus votantes van a querer disfrutar del triunfo hasta por lo menos fin de marzo», reflexionó Palacios. «Con los problemas externos y la drástica caída en los ingresos petroleros -de u$s 80.000 millones en 2008 a los 30.000 previstos para este año -prosigue este economista-, habrá que reducir las importaciones para equilibrar la cuenta corriente y trasladar el ajuste hacia un mayor impuesto inflacionario». «Se prevé que así el PBI caiga a 0 y hasta a -2», vaticina Palacios.
Si bien Chávez ya tiene implementados algunos «rebusques», como los u$s 12.000 millones que acaba de manotearles a las reservas del Banco Central o la venta en el mercado paralelo de los bolívares procedentes de los tres fondos que no rinden cuentas en el presupuesto (Fonden, Fondo Miranda y Fondespa), las perspectivas para el corto y el mediano plazo son imprevisibles. «Lo más probable es que se haga todo de manera heterodoxa y bastante mal», dijo sin eufemismos el economista Palacios.
«No le queda otra que seguir él al frente de todo hasta 2012», redondeó Alfredo Maldonado. Es que a Chávez le tocan ahora tres años de campaña permanente, sin que por ahora haya quien lo sustituya al frente del PSUV, «una estructura de viejos políticos fracasados y de nuevos sin experiencia». «Mientras tanto -sintetizó este analista venezolano- no hay enfrente de él nada que lo contrarreste: ni programa político ni candidato». Y terminó: «Quizá dentro de cuatro años podría tener en contra a un adversario joven como Carlos Ocariz, actual intendente de Sucre (donde se asienta el Petare, la «villa» más grande de Sudamérica)». «Eso le podría hacer más daño de lo que hoy Chávez cree le hacen los EE.UU.».

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