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Trauma: Castro y Videla fueron socios
Fidel Castro
Efectivamente, mientras los Estados Unidos, bajo la administración Carter, y algunas democracias europeas promovían la condena a los militares argentinos por violación de los derechos humanos, ésta era bloqueada gracias al papel desempeñado por Cuba, interlocutor clave entre la diplomacia del Proceso y los países de la órbita socialista. Así lo reconoció el propio Gabriel Martínez, el hábil diplomático que se desempeñó durante todo ese período como representante argentino en Ginebra: «Cuba siempre nos apoyó y nosotros los apoyamos a ellos».
Es que ambas dictaduras integraban entonces el Movimiento de Países No Alineados, en el que Cuba aspiraba a tener el liderazgo regional y para ello necesitaba del apoyo argentino. Inclusive, el dictador Jorge Rafael Videla fue invitado a la Cumbre de No Alineados realizada en 1978 en La Habana, a la cual no asistió, pero en su lugar lo hizo el comodoro Carlos Cavandoli, en ese entonces vicecanciller, y en la declaración final de condena a la violación a los derechos humanos en América Latina fue excluida la Argentina.
Los cables del archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina aportan pruebas contundentes sobre la importancia que tuvo Cuba y los No Alineados para evitar condenas internacionales a los militares por las violaciones a los derechos humanos. A ello hay que sumarle la estrecha relación comercial de la Argentina con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, siendo el Proceso su principal proveedor de granos -rompiendo así el embargo comercial de los Estados Unidos- y realizando las transacciones a través del «banco solidario», vinculado al PCA.
El gran denominador común de la alianza cubano-argentina entre 1976 y 1983 fue el rechazo a la intromisión en los asuntos internos, argumento que utilizan todas las dictaduras y en el que se escudan en forma vergonzosa las democracias que adoptan como política exterior la abstención frente a las violaciones a los derechos humanos que se producen en otros países. Y si bien dicho argumento contraría el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que acaba de cumplir sesenta años, mantiene absoluta vigencia en América Latina y es una forma de entender la ausencia de un reclamo regional de apertura democrática en Cuba. Como ejemplo, en la reciente declaración de la Cumbre América Latina Caribe, realizada en Brasil, se reconoció el «derecho de todo Estado a construir su propio sistema político», algo escrito a la medida de Cuba y que también justificaría al nacional socialismo en la Alemania de Hitler o al actual régimen iraní.
Si la Argentina fuera coherente rescatando la memoria y promoviendo los derechos humanos, tendría que ser entonces el país más comprometido con los demócratas en Cuba y el mayor cuestionador de las ilegítimas autoridades de la isla.
* Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).


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