3 de septiembre 2010 - 00:00

Travesía 100% argentina busca hacer cumbre en el Himalaya

Adrián Sánchez es el encargado de liderar el grupo de alpinistas que intentará la hazaña en el Himalaya.
Adrián Sánchez es el encargado de liderar el grupo de alpinistas que intentará la hazaña en el Himalaya.
Cuando usted esté leyendo estas líneas, un grupo de alpinistas argentinos habrá cumplido ya la mitad de su viaje hacia la cumbre del Cho Oyu, un gigante de 8.201 metros de altura ubicado en el Himalaya, la serpenteante cadena montañosa que se extiende a través de Bután, China, Nepal e India.

La «diosa turquesa», como la llaman los tibetanos, es el sexto pico del mundo y el objetivo final de la expedición al mando de Adrián Sánchez.

Prueba de resistencia

El ascenso es una misión de exigencia límite para el organismo en la que la comida es un tema importante. Quizás el tema. «El consumo diario que deberíamos tener es de 6.000 calorías, pero es casi imposible ingerirlo. Vamos a volver con 8 o 10 kilos menos. El peso lo recuperás enseguida, pero rehabilitarse del desgaste físico de quemar tanta grasa y músculos lleva un mes», explica Sánchez. Respecto de la alimentación aclara: «Algunas proteínas las llevamos y el resto las conseguimos allá, la mayoría de elaboración china. Son alimentos especiales o liofilizados, un proceso que va más allá del deshidratado, por medio del cual se les sacan todos los líquidos sin alterar ninguno de sus nutrientes. En un minuto y con un poco de agua caliente (llevaron garrafas de gas y combustible líquido) dentro de la bolsa metalizada podés comer hasta trozos de carne con papas».

El esfuerzo físico, según estudios de la Federación Internacional de Montañismo, requiere más del doble de energía a gran altura que a nivel del mar. Pero se suprimen el apetito y la percepción del sabor. Entonces la saciedad se produce con pequeñas raciones y el escalador se siente «lleno» con poca cantidad de comida, en lo que los especialistas denominan «anorexia de la montaña». La deshidratación -ya sea por ingerir pocos líquidos, por sudor o diarrea- también es una amenaza latente que incrementa los dolores de cabeza, la fatiga, el deterioro mental y el agotamiento físico.

A medida que se acercaba la fecha de partida, los audaces argentinos intensificaron los trabajos aeróbicos: casi cuatro horas de footing por semana, ocho de ciclismo, natación y trabajos de cuesta con sobrecarga que los obligaron a escalar paredes durante cuatro horas semanales con una mochila de 16 kilos. Además, sesiones complementarias de gimnasio para reforzar abdominales, cuádriceps, espinales y dorsales.

La resistencia será vital debido a que no están empleando «porteadores» (asistentes locales que los ayuden a acarrear los pertrechos). «Subiremos todos los días con entre 20 y 30 kilos en las espaldas, menos el día de buscar la cumbre», relata el jefe del equipo.

Tampoco llevaron tubos de oxígeno porque «le bajan hasta 1.000 metros de dificultad a la montaña», aunque conocen que por arriba de los 8.000 metros de altura la concentración de oxígeno en el aire es sólo una tercera parte de la que se encuentra a nivel del mar. En esas condiciones el rendimiento se resiente y los padecimientos aumentan si sobreviene el «mal agudo de montaña» con su cóctel de náuseas, dolor de cabeza e insomnio. «Se incrementan mucho las posibilidades de sufrir edemas pulmonares», admite Sánchez.

El clima bien podría ser el de alguna de las lunas de Plutón: sensación térmica de 40° durante el día, a causa del reflejo solar en la nieve, que desciende hasta -30° o -50° por la noche. Eso hace que los montañistas deban llevar un equipo especial de última generación, que aunque no neutraliza, por lo menos atenúa las inclemencias del tiempo.

La vigilia

A 7.400 metros de altura comenzará a vislumbrarse el resultado final del asalto a la «diosa turquesa». Un instante en el que la fortaleza mental es tan decisiva como las reservas físicas y en el que la montaña pondrá a prueba el espíritu de sacrificio del equipo.

Allí, Sánchez elegirá el momento exacto en el que atacarán la cima del Cho Oyu. Ese «pequeño paso» de 800 metros será un «gigantesco salto» para los expedicionarios que les demandará unas 14 horas entre ida y vuelta.

Todos conocen cómo es la ley de la montaña: «Es bastante normal bajarte del intento. En la actualidad, sólo el 20% logra la cumbre en el Aconcagua. Y la media de éxito de las expediciones a nivel mundial debe ser de 60%», calcula el líder del equipo.

En el Cho Oyu ni las estadísticas ni los intentos de los aspirantes que los precedieron tendrán incidencia alguna. Otra vez los escaladores estarán frente a frente con sus límites y los de la montaña. Más allá de lo que ocurra, descansan en la convicción de todo aventurero: la única expedición fallida es la que nunca se intenta.

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